¿Qué amo?

¿Qué Amo?

Mi soledad, es la continua búsqueda de autonomía, de un viaje, donde grupos siguen otros grupos, los cuales se tornan aburridos. Trato de entenderlos a todos, pero que no me inviten a sus fiestas, buscare constantemente ser el raro de su camada.

Amo las barras de los bares, amo la cerveza, amo ese whisky prensado, el humo de un cigarrillo. Me enloquecen los escotes, los vestidos ceñidos al cuerpo, las tenis converse. La música que nadie escucha, el cine independiente y la familia peluche.

Amo…

Mi ropa negra, los audífonos en los oídos, mi viaje, las etiquetas, y los medicamentos que cada tres meses mi amigo psiquiatra me da para retirar.

Mi indiscreción, mis palabras, mi forma de ver el mecanismo donde se resuelve todo. El baseball, Nacho Vegas, Andrés Nostalgias, Ignacio Lujuria. El porno, la autosatisfacción, beber de vez en cuando una cerveza en el silencio de mi habitación.

Leer y escribir sobre cualquier cosa, aunque a veces, entre la pereza y la vagancia no tengo tiempo para ello. El mundo raro fuera de José Alfredo. A Diego Rivera. Las 4:02 de la madrugada, el insomnio, la clonazepam, otro whisky, la última ronda « Esa cerveza la pago yo, o te hago café » mis faltas de ortografía, las tildes que nunca llegó a acertar.

La camiseta de Jim Marshall en el cuerpo que nunca espere. Los llantos de borrachera, el perdón de los pecados y la promesa de la vida eterna. La erección del sacerdote, Aute, la música clásica, la madrugada y las pequeñas coincidencias que hacen maravilloso este pequeño fragmento de universo.

La cuarta cuerda de mi guitarra, el acorde de sol, a Sofía, el olvido el recuerdo y la última oportunidad. A los idiotas, los metrosexuales, y superficiales. A Buskowski – aunque creo que no lo amo tanto – Fante, el Guardián entre el centeno. Los libros que no he leído, el cuerpo de las dos últimas chicas que amanecieron fumando mis cigarros, el café chorreado.

Amo tantas cosas raras, que necesitaría un libro entero para enumerarlas. Esto solo fue una molécula. Para darte a entender, que si una vez amaneciste en mi cama, estropeando mi perfecta soledad, solo fue porque ese mismo día, el mundo quiso tratarme bien…

Aunque soy consciente que; Yo no lo merecía.

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