Caminando martes

Caminando martes
Diego López

Un día, mientras caminaba por la ciudad. Me sentía: un mal amante, el peor de los novios y el más ingenuo de los ligadores.

Circundado desde los 8 años, y muy lejos de ser un dotado; ¿Quién necesita más del sexo? que un mal cogido como yo, o esta erección que cuando desperté; decidió dar los buenos días.
Luego de varios pasos culposos, me topé con aquella señora, que superaba los 50. La misma  que una vez me adopto; y yo fui: su ex esposo, hijo y amante. El último suspiro de su juventud y la graduación de su menopausia.
Los pasos fueron culposos. Mientras doblaba en una esquina, me topé con aquella niña, de lacios cabellos y carita agraciada. Candado de reforma y senos de adulta. La misma que una noche después de una maratón de cervezas. Decidió hipotecar a bajo precio, su virginidad; con el borracho aquel, que logro ligar una buena letra, con agradables melodías, en una guitarra maltratada. El mismo, adicto a leer, que juega a ser; el más rock and roll style, de un pueblo que se muere en sus poesías.
Encendí un cigarro, mientras pateaba los recuerdos más detestados del pasado. Justo cuando quería lacerarme en culpas. Vi caminar por la otra acera, al antiguo romance. La musa, que una vez borracho de amor y cerveza en el Sol, cometí el crimen de jurar, altar y amor eterno. Mientras ponía canciones en la vieja rocola. La misma quimera, que después del sexo, lograba componerle una canción. La que me inspiro a escribir una novela y luego maté; justo antes de finalizar el primer capítulo.
Casi cuando decidía, meterme a la primera cantina que encontrara abierta. Vi al otro lado de la calle. A la ex novia de mi ex amigo. Aquella misma que quiso soñar, en el sucio piso de una bodega. A la que le robe besos y un poco el corazón. La de los cuentos y poemas de “amor”. La del pecado, y los labios que saben darle besos a una erección.
Me topé estas historias, un martes aburrido, que salía de mi palomar, en busca de tabaco y alcohol. Un martes moribundo, donde nadie viene a visitar el déspota ruin; que después del sudor se olvida del sentimiento. El mismo que le pone un bajo precio al cariño.
Me topé con las protagonistas de experiencias y sudores. Canciones y poemas. Episodios de vida y aprendizaje.
Dejé de sentirme un mal polvo, un mal amante, el peor de los novios. Me sentí bien, de este lado del infierno. Claro, debo aclarar, que cada una de esas mujeres que  me topé. Ninguna tuvo el mínimo gesto de querer saludarme, de hecho algunas cruzaron la calle para evitar mi encuentro.

El odio se estrellaba en mis pies. Yo le dibuje una sonrisa a la razón, mientras ponía, una curita al corazón.

 

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