Alicias

Alicias

Diego López

Soy alcohólico, desde que aquella vez, que un primo hermano se robo una cerveza para que yo la bebiera, en la fiesta navideña de mis tíos. El ver como se comete un delito, para ganar un placer, me hizo tener un acercamiento, placentero con lo prohibido y lo criticado. Desde ese día; le robe cigarros a mi tía, dinero a los mendigos, pornografía a mi padre, placeres al dolor, y sonrisas a la vida. Palabras a la hoja en blanco, besos a las borrachas, orgasmos a las resacas. Melodías a mi guitarra, miradas a la pereza, perdón a los pecados, y un vía crucis de buenas y malas decisiones.

Crecí siendo un mentiroso. Pero siempre, lo que les llego a doler fue mi verdad. He sido apedreado como la Magdalena por puta, pero nunca me he arrepentido del placer. Y nunca he cobrado tan siquiera un beso.

Me enamore de Alicia, había llegado de un extraño país de maravillas. Tenía diez años menos que yo, bien calculo que podían ser 13. Fui perseguido por estupro, condenado a la silla eléctrica, mientras un conejito con un reloj gigantesco, se fumaba un garrote, junto con la Reina de Corazones. Luego después de la condena, me volví a coger a los 3, un personaje lloro. ¿Cuál?

Luego perdí el miedo a escribir, incendie paginas de páginas con sangre, vomito, escupa, semen, sudor, golpes, y así me fui caminando. Relatando las sombras de lo que no se ve, solo se siente. Envejeciendo joven, aprendiendo del dolor, robando para beber y fumar. Diciendo lo que se tiene que decir, con un letrero que me clavaron en la frente que dice “Cruel”…

Envejeciendo joven, enamorando Alicias, que creen venir de un país de maravillas.

A pesar de los dedos que señalan y señalan, mi conciencia está tranquila. Beso el escapulario que dejo mi madre antes de partir. Y sigo caminando, envejeciendo joven, esquivando hordas de gentes, que me quieren apedrear como a la Magdalena; por puta, sin ellos saber que, lo que tengo es una eterna erección, que es más zorra que mi corazón.

Más nunca me he vendido, todo lo que tengo, que es nada. Me lo he ganado. Todo lo he pagado, de una o de otra manera. No me seduce el dinero, ni el lujo, ni el confort. Me seduce la barra de un bar, con escotes sin senos y senos sin escote. Con historias y miradas, con el bajo mundo como dicen ellas. Mi cuarto que es una pocilga, y ningún lujo que me este robando el sueño. Los lujos que poseo están en una extraña personalidad que nadie entiende y yo disfruto.

En los bares hablan de mí, cuentan mi “historia” y me hacen una leyenda.

Si algún día quieres; siéntate a mi lado, yo te pido una cerveza, y te cuento la historia real.

Que empezó tal vez aquella vez, que descubrí que en este mecanismo, hay que robarle placer al dolor, a veces a modo de cervezas.

A veces hay que robarles el corazón a Alicias que creen que vienen de un mundo de maravillas.

Nunca he visto a ningún puto con la sangre azul…

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