Necesidad de cagar

Todos los días tengo necesidades. Un armazón de carne y hueso dependiente de sensaciones, de erecciones, de sentimientos invisibles. De lágrimas, de preguntas. Es bueno tener ciertas necesidades, por ejemplo, todos los días necesitamos: respirar, cagar, dormir, comer, reír. Que sería pasar un día sin cagar. Necesidades algunas tan inconscientes, como: respirar, que a veces lo hacemos sin tan siquiera notarlo. A veces buscamos una utópica independencia, hasta que nos pasa por la mente dejar, de comer, de cagar, de querer, de desear y hasta de respirar.
En el consultorio, frente a aquella bella doctora unos diez años menor que yo, permanecía inmóvil y callado. En la posición sublime de la derrota, sentado un poco bajo, con las manos entrelazadas, y la mirada inerte en el piso. Tal vez solo pensaba, en la conjugación de las oraciones de mi propio cuento, o quizás; en el problema que será para todos, no ir a trabajar en algunos días. Esa es la mierda de tener dos empleos y que por uno no te paguen. Por el empleo de escribir, somos casi putas, nos vendemos y muchas veces no merecemos el pago correspondiente o dicho pago es ausente. Debería volver a las barras y los borrachos, maldita sea la hora que deje tirada tan bella profesión. En que mierda estaría pensando.
La doctorcita dejo de escribir en la hoja de diagnostico:
– Pues bien Andrés. Tienes una fuerte depresión, desde hace mucho. Te mandare dos inyecciones para que puedas dormir toda la noche, te incapacitare tres días, y te mandare el tratamiento que has dejado desde hace dos años. Tienes que tomarlo.
¡Mierda! En mi trabajo se van a enojar, a veces les soy tan dependiente, durante las 9 horas de calabozo. Mi padre se va a preocupar, no tolera que su hijo débil enferme, mis amigos… bueno no todos saben que ando triste. Una enfermera me hurgo en la nalga, después ultrajo una vena en mi ante brazo, un eterno tiempo con una solución salina, ingresando a mi torrente sanguíneo. Luego un mareo se apodero de este cuerpo errante, con miles costos llegue a mi casa, y antes de que pudiera encender un cigarro, caí desplomado sobre mi cama y me dormí 16 horas.
Creo que no me perdí de nada importante. Tuve dos buenas pesadillas, una resaca sin alcohol, que es de las peores. Me levante y desayune un buen vaso de café, sentí como la erección matutina estaba ausente, así que obligue a la sangre llegar a mi pene, con algunos clips pornográficos de escenas que ahora veo hasta con melancolía por el maldito paso del tiempo y la sequia. Me limpie vagamente, luego le hice de almorzar a mi familia. Cuando todos terminaban de comer plácidamente, por el trato de mi cuchara en el arte culinario, recordé de lo mal que me había lavado las manos antes de cocinar.

Un mensaje de texto ingresa a mi teléfono. Mi conciencia pregunta:
– Este bien.
– He estado mejor – conteste tranquilo.
Haciendo un resumen visual a mi habitación siento que de verdad, si puede haber algo que no ande bien. Ropa sucia, ceniceros repletos, tazas con sobros de café por todas las esquinas. Paquetes de cigarros vacios, documentos esparcidos, por el suelo y una gata que maúlla de hambre. Tres o cuatro cuentos sin concluir, dos poemas que pretendo olvidar; apenas pase el dolor, un televisor apagado en el canal deportivo. La silla de las visitas completamente vacía, la guitarra desafinada y dos más de adornos. Un poco de libros con ganas de suicidio, y mi opera prima, abandonado y autografiado.
Abro un documento de Word, y entre la pereza, el miedo y la culpa me pongo a escribir estas líneas, devolviéndome al pensamiento inicial. Siempre tendremos necesidades, unas más importantes que otras, otras que no son meramente mis decisiones. A veces solo deseo que el teléfono suene, con un perdón a otra más de mis rabietas, pero creo que la gente se cansa de mi, a como yo me canso de la felicidad. Y vuelvo a las preguntas sobre la necesidad de cagar, para mi escribir es cagar, toda la mierda que me acecha adentro. Que usted lo alcance a leer y en una minúscula parte me odie, te de asco, te guste o no, te excite, te ponga a pensar, o creas que todo fue una perdida tiempo. Eso para mí es saber respirar, y darse cuenta de ello.

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Un pensamiento en “Necesidad de cagar

  1. Interesante cuento reflexivo, entre necesidades involuntarias y esenciales. La referencia a lo sexual y, particularmente fálico-onanista no puede faltar. Hay interesantes reflexiones filosóficas en el inicio y el final, sin perder lo propio del relato, que dominó en el medio.

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