De paracaidista y explorador

Vuelo alto en cielo, me trasformo en nube. Te miro abajo, junto al lago. Estas esperando un instante, ese momento, donde el viento levante del suelo, la hoja seca de algún recuerdo. Tu rostro es imagen melancólica, de buenos momentos y eternos errores. El lago esta calmo, la tarde se desvanece, otra vez. Las estrellas se asoman, y yo me doy cuenta, que es hora de hacer mi salto en paracaídas, a manera de viento, ese mismo que te mueve el cabello.
Caigo amortiguado, en el olor de tu champú. Camino las sabanas de tus cabello, sintiendo en cada hilo, los aromas de tus leves sonrisas. Correteo susurrando, algunas canciones en tu oído. Derrapo en un giro por tu sien. Planeo un improvisado vuelo por tu ceja, y antes de caer en el abismo, me agarro fuerte de una de tus pestañas, y en el balanceo, puedo ver mi reflejo, en el claro de tus ojos. Utilizo de tobogán tu nariz. Para resbalar suavemente hasta tus labios., que entre abierto tararean, la canción que yo te enseñe.
Me abrazo en tu cuello, con siete besos de aquellos protectores. Junto con las cosquillas, el movimiento brusco de tu hombro, me catapulta hasta tus senos. Y me pongo a jugar como un niño en el campo. Me entretengo rondando tus aureolas, saltando feliz de seno en seno, con mis zapatitos de besos. Hago equilibrio en cada uno de tus pezones erguidos. Cuando encuentro un extenso camino por tu abdomen. Y lo recorro curioso, mirando alrededor, puedo sentir justo en mis pies, el movimiento de tu respiración. En tu ombligo encuentro una fuente, con unas cuantas gotas de sudor. Lanzo tres o cuatro monedas, pidiendo siempre el mismo deseo. Me siento al borde, y descanso un poco, miro hacia el cielo y noto que no hay lunas, estrellas ni testigos.
Así que como soldado pecho a tierra, me arrastro hasta tu pelvis. Siento los dulces sabores de tu sexo. Ahora los movimientos de tu respiración se vuelven más agitados. Y me cuelo en los movimientos y allá lejos en el sur, observo como tus muslos se levanta, como si fueran un amanecer. Con un poco de miedo o de sorpresa, me escondo en tus cavernas. Húmedas cavernas. Sonrió y ahora miro el norte. Y son tus ojos que miran directamente los mios. Te desvaneces en un suave gemido. Así que juego y juego y juego, hasta que una explosión hace que todo se quede quieto. Siento que te has quedado dormida, antes de darte cuenta.
Decido buscar un lugar donde pasar, el resto de la noche. En ese momento, todo está quieto. Así que inicio una caminata por tus muslos, cruzo las divertidas texturas de tus rodillas, y miro las cicatrices de tus últimas caídas. Sigo el plácido camino despacio, por tus espinillas. Y siento que me acerco a tus sueños, así que levanto mi tienda de campaña, enciendo una pequeña fogata, y me dispongo a pasar mi sueño allí, justo donde me gusta, al borde tus pies.

 

Anuncios

3 pensamientos en “De paracaidista y explorador

  1. De lo que has escrito, es sin lugar a dudas, lo que más me ha gustado, y por mucho… Sigues incursionando con acierto en el poema en prosa. Las figuras creadas hablan con una elocuencia descomunal y se endulzan en la propia miel de las palabras. Un erotismo suave, mágico, relajado, como de niño enamorado. Estoy gratamente sorprendido, Diego Lopez, no por duda de capacidad, sino por reconocimiento de virtud. ¡Se nota que además de talento, el oficio es indispensable! Felicidades, escritor ramonense!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s