Un día de suerte en los negocios

Un día de suerte en los negocios

 

Llevaba mucho rato, de que el agua golpeaba mi cabeza y las ideas no encontraban la claridad. Pregunta tras pregunta, ese fue uno de los baños más largos de toda mi vida. Cerré la llave de la ducha resignado, que en el mosaico, de la bañera solo habían hongos y residuos de semen y nunca respuestas. Tome el paño y empecé a secarme las dudas frente al espejo, me llamo la atención, el extraño brillo de mis ojos y el reflejo en el espejo que dijo:

 

– ¡Diay pedazo de Hijueputa! Tenía tanto tiempo de no verte, que te habías hecho.

 

Me abrase a mi reflejo, como dos compañeros de colegio, después muchos años sin versen.

 

Termine mi aseo personal, cuando una erección salto entre mi desnudez. Tome mi pene y al verme desnudo y bello en el espejo, el más fuerte de los narcisismo me acorralo en sus deseos, y me masturbe excitado hasta el fin, por cada uno de mis gestos, gemidos y movimientos. No hubo nada que me excitara más que, mi mismo reflejo desnudo en el espejo del baño.

 

Que bello y que excitado me sentí. Tanto que tenía que salir a festejar. Había hallado un bar nuevo, cerca de mi casa. Me trataban bien, de vez en cuando los Bartender me invitaban algunas cervezas, gustaban de mis historias, aunque odiaban mis chistes, no se metían nunca, con mi estado de ánimo, respetan de mi presencia y nada más. Ese día había poca gente.

 

– Andrés, mucho tiempo de no verte, ¿lo mismo? – dijo el Bartender colocando la cerveza de las mas frías.

– Vaya eres de los más frecuentes – dijo una chica que volvía de los baños y se sentaba al lado.

– ¿Por qué lo crees? – pregunte.

– No tuvo necesidad ni de pedir la bebida cuando ya te la sirvieron.

 

En ese momento le lancé una mirada al Bartender.

 

– Entendido amigo Andrés.

 

Empezó a michelar una cerveza, se la sirvió a la chica.

 

– Diablos me gustaría aprender a hacer eso – dijo la chica.

 

– Frecuenta de manera discreta, los lugares donde nunca te olviden y lo lograras. el problema es que somos nosotros mismos que nos olvidamos o descuidamos esos lugares, y no precisamente tiene que ser un bar, a veces  nos sucede hasta con un estado de ánimo, un amigo, un momento.

 

– Salud por eso – dijo la chica mientras chupaba la sal del pico de la botella.

 

– Tienes un bárbaro talento para la cerveza michelada – dije mientras le lanzaba otra mirada al Bartender.

– De una sola vez – dijo el chico mientras se disponía a michelar otra cerveza. Se la coloco a la chica.

 

– ¿Y esa?

 

– Con ese talento, podría pasar toda la tarde, poniendo como gallina, miles de cervezas.

 

– ¿De verdad? – dijo la chica, esta vez metió todo el pico de la botella entre su boca, como si fuera el más carnoso de los penes, toda la sal desapareció en ese movimiento.

 

– No desperdicie el entusiasmo con el vidrio de una botella, existe mucha carne ardiente, que desea morir engullida de esa manera.

 

Una carcajada resonante, llamo la atención de la poca clientela del lugar. Mire al Bartender.

 

– Entendido Andrés – coloco una cerveza y un campari.

 

– ¿Eres de por acá? – pregunte.

 

– No solo ando de paso.

 

– ¿De qué huyes?

 

– De nada tal vez solo ando en busca.

 

– ¿Ah sí, búsqueda de qué?

 

– De lo que se presente – dijo jugando con sus dedos y mirándome, de manera escalofriante a los ojos.

 

Mientras la tarde agonizaba, todo bailaba bien, miradas al Bartender, cervezas micheladas, carcajadas, picardía, y el talento exquisito de chupar la sal del pico de la botella. Hasta que la chica hizo la pregunta que paralizo el entorno.

 

– ¿Te gustaría hacer el amor conmigo?

 

La cerveza se detuvo en mi garganta, me enterré en sus ojos, me queme en el deseo. Mientras encendía un cigarro, prepare mi respuesta.

 

– Ese detalle, es el único conflicto que he encontrado con el sexo; algunas personas, lo confunden,  y hasta lo enredan con el amor. Si tu propuesta es hacer el amor declino, hoy mismo logre amarme, pero si lo que quieres, es un acto sexual fuerte y sin culpa, no queda más que pagar la cuenta.

 

La chica se levanto de la barra, se acerco a mi oído y susurro con la voz del deseo.

 

– Te espero afuera.

 

Lancé una mirada al Bartender.

 

– La cuenta Andrés, en un segundo.

 

Pague la cuenta, deje una escaza propina y me fui por ella. Esperaba paciente, con aquel bello vestido amarillo enchapado a perfección en sus contornos.

 

– Pues galán, tu mandas. ¿Cuál es el destino?

 

– Caminaremos dos cuadras hasta mi departamento.

 

El camino se hizo largo, casi no hubo conversación, solo miradas indiscretas, viento, deseo y debo que confesar un poco de nerviosismo. Llegamos a mi departamento. Serví dos bebidas, nos sentamos en el sillón de la sala, justo cuando ella se hico entre mis piernas, saco mi pene y lo engullo con el mismo talento que engullía el pico de la botella de la cerveza michelada. Esta vez le lancé la mirada al espejo.

 

– Bien, pedazo de malparido, como extrañaba verte en estos momentos – dijo el reflejo del espejo.

 

Sonreí, mientras me relajaba en los placeres de la boca mas mamadora que haya encontrado jamás, engullo tanto, que mis bolas se hicieron pequeñas preparándose para una exquisita explosión eyaculatoria. Así fue que me levante la alce de sus nalgas, metí mi cara  en su escote, la lleve hasta mi cama, la tire en la cama, cuando le levantaba el vestido, para penetrarla con la mayor de la fuerzas, su manos me detuvieron.

 

– El trabajo completo cuesta 25 000 colones.

 

¡Oh mierda! Pensé impactado, debí de imaginarlo. Ese día se descubrió el más pollito del mundo, en el bar que empezaba a frecuentar.

 

– Cariño. He de confesar, que dicha cantidad de dinero no tengo, soy un pobre desempleado que apenas escribe para morirse de hambre, pero bien no me puedes dejar con esta erección, así que te propongo tomar lo que quedo en los bolsillos de mi pantalón, solo déjame 2000 colones para los cigarros de la semana, si te parece poco, te llevo de vuelta al bar como si nada hubiera pasado.

 

La Chica metió la mano en los bolsillos de mi pantalón sacando no más que 7000 colones, tiro 2000 en mi pecho y metió cinco mil a su bolso.

 

– Es una cantidad, muy por debajo de lo decente, pero te la acepto, ahora relájate que eres mío.

 

Cogimos largo rato, casi todo lo que quedaba de noche, mientras mi mirada se estrellaba en su cara de placer, mi memoria trataba de recordar si alguna vez en alguna borrachera, había pagado alguna puta, y la verdad es que no. Era mi primera vez que pagaba por sexo. Vi hacia el espejo y ahí estaba mi reflejo masturbándose con la escena como si fuera una película pornográfica. Luego llegaron los gritos, gemidos, fuerza, eyaculaciones y orgasmos. Al concluir, ella se vistió, tomo el trago que había servido, se lo bebió en un solo trago, me dio un beso en la frente y se despidió con la mano.

 

– ¿Quieres que te lleve a la parada de taxis? – ofrecí aun culpable por el precio.

 

– No nene, de sobra me quedo claro que eres un caballero – me tiro otro beso con la mano y se marcho.

 

Cuando escuche la puerta cerrarse y los pasos alejarse, mire el espejo y mi reflejo estaba dormido con los pantalones por las rodillas, sonreí nuevamente, me repuse en la cama tome el pantalón revise el bolsillo y ahí estaban los 2000 colones de los cigarros de la semana. Volqué el pantalón y saque la billetera, la abrí y ahí estaban los 450 000 colones que me habían dado de la ultima liquidación. 5000 colones, al menos me salió barato, la primera vez que por accidente pague una puta.

 

 

 

 

 

 

 

 

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