La libertad suicida

El blues es un motor. En ese lugar, la niña piensa en ser, la escena naufraga de alguna película sin final feliz. La bocanada del cigarro, se suicida por la ventana. Espera arder en el frio. Siempre quiso ser una niña buena. Aun guarda sus primeros versos de amor. Sonríe mientras, le da un sorbo a su botella de vino barato. Su cara se enciende de recuerdos, algunos gratos, otros intrascendentes. “La vida es realmente corta” se dice mientras busca y busca una libertad, que nunca logra hallar. Se queda dormida en la batalla.

Al día siguiente despertó más temprano que de costumbre. La recibió el televisor encendido, con una película que hablaba sobre la muerte, mientras encendía un cigarro de desayuno, se puso a pensar en su realidad.

– Bueno – se decía a sí misma – ¿La muerte? ¿Dónde nos llevara? ¿Existe el alma? O tal vez, seamos como dice mi madre, “como los perros, que nos morimos y nos entierran” ¿Dónde acabaran mis ideas, pensamientos, imágenes, orgasmos, placeres…? ¡Vaya, la vida es realmente corta!

¿Por qué diablos, nos embarrialamos el camino? – sintió un frio recorrerle el cuerpo, y se aterro.

Miro hacia la ventana, pudo sentir la fuerza del viento en diciembre. Se levanto, se miro desnuda en el espejo. En ese justo momento, el matrimonio vecino iniciaba otra disputa a golpes, esos gritos, vaya que le alteraban los nervios, se dijo:

– la culpa de toda esta mierda, la tienen el estúpido encuentro que tuvimos esta ciudad y yo. Yo jamás la hubiera elegido, por fin entiendo porque todos se van para no volver –

Se baño como de costumbre, se vistió de oficina. Tuvo tiempo de: elegir sus aretes, hacer el café, fumar, y pensar en las tareas de la empresa. Pronto sobre la hora, tomo el bolso, antes de abrir la puerta sintió nuevamente la fuerza del viento en diciembre. Miro su cama destendida y pensó: “Sería bueno no ir a trabajar hoy” y luego otra vez: las deudas, compromisos, responsabilidades, bienestar y estabilidad…

Las vecinas la vieron salir como de costumbre, rumbo a su oficina. Cuando cruzo la calle del barrio, ella mismo se dio cuenta, que la libertad se volvió a suicidar, justo con la manilla de la puerta.

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