La novia del Principito

La novia del Principito

 

La conocí un día, que cansado de las mismas cantinas de siempre, decidí buscar la superficialidad de esas discos de luces locas y música estridente. De las niñas con sus piernas de subasta. De la prostitución a manera de apariencia y cerveza. De las jóvenes hormonas que no dejan más que culpabilidad a mis juventudes ya pasadas. Pensé no hallar nada con sentido. Con miles costos logre encontrar una silla en la barra, pedí una cerveza, estaba realmente asustado, ese tipo de ambiente no es el que realmente me aliente a disfrutar de las cervezas. Pronto descubrí que justo al lado de mi banco, estaba una chica que reflejaba mi mismo sentimiento, con la diferencia que ella si podía simular que le agradaba la situación. Era muy bella, la mire con cierta timidez. Con un gesto trate de invitarla a una cerveza, pero también con un gesto me la rechazo. El Bartender la puso igual…

 

 ………………………………..

 

 

 

 

Laura es el tipo de mujer, que odia que la inviten en los bares. Intenta saberlo todo de la vida, aunque muchas veces fracasa en su ensayo. Para ella un tipo que no conoce, le ofrezca una cerveza, en vez de un halago, lo ve como un intento estúpido de un pene, que quiere llevarla a la cama. Es realmente una mujer diferente; ni sus amigas la logran entender. Eso no quiere decir, que no se entregue a los placeres de la carne, pero siempre y cuando con su corazón intacto. Los que se han enamorado de ella no han entendido, que disfruta más, comer una naranja trepada en un árbol, que una rosa con la trillada maldita caja de chocolates. A sus 22 años no sabía aun, que era eso que le brincaba en el pecho. “sangre y venas” le decía a todos aquellos que hincados le confesaban su amor, según ellos, con el corazón en la mano. Eso no era más que sarcasmos,  para sus criterios del amor.

Sabía con quien coger, como coger, y cuando coger. Tenía la mayor de la elegancia para vestirse y marchar. La seducción siempre salía triunfante, con su placer satisfecho y la conciencia tranquila. Sobre la cama siempre quedaba un cadáver, llorando de amor, luchando contra lo imposible.

– ¿Si gustas quedamos como amigos? Pero no me vengas con esas mierdas de los sentimientos. No estamos para esos juegos. Amor por mi solo mi perro que me mueve el rabo cuando realmente me extraña. – les decía a todos aquellos pobres desesperados.

Esos tipos no era realmente lo que necesitaba, ni tan siquiera sus seres allegados era indispensables. Su vida era una búsqueda constante a las respuestas de su supervivencia. Es una niña realmente espectacular, bella y peligrosa.

Una tarde caminaba por la universidad. Distraída miraba como las aves avisaban la llegada de la lluvia, le encantaba ver las luminarias de los relámpagos, así fue cuando tropezó con Marco.

Marco en cambio traía su mirada clavada en un libro de Benedetti. Era un tipo escuálido, bien parecido, algo descuidado con su apariencia personal, el pelo desdeñado y dos grandes argollas en sus orejas.

-¡Diay imbécil fíjese! – dijo Laura, enfadada más que todo porque le interrumpieron el paisaje, que por el golpe.

– Discúlpeme señorita – dijo aquel tipo cagado de risa.

– De feria te causa gracia – contestó Laura mientras se ponía de pie.

– Si me vas a morder te vuelvo a tirar al suelo.

– ¡Oh estúpido! Que se cree.

– No de verdad discúlpame. Mucho gusto me llamo Marco.

– A mí que me importa animal.

Laura siguió su camino con el enfado intacto, Marco la persiguió disculpándose una y otra vez. Mientras Laura aceleraba el paso, para alejarse de aquel tipo, este comenzó a declamar.

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo…

Laura se detuvo. Lo miro aun con más desprecio.

– No puedo soportar que una piltrafa de hombre como vos, desvalorice al grande de Benedetti, así que o te cayas o te estampo esas palabras en los dientes.

– ¿Quieres un café?

– No

Marco siguió persiguiéndola, ella acelero mas el paso. Ya habían salido dos cuadras de la universidad. Ella supo que aquel tipo no desistiría en la idea de perseguirla así que se detuvo y dijo.

– Bueno, te disculpo. Ahora ¿Serias tan amable de dejarme en paz?

– No si antes me aceptes un café.

– No, para mi es mala costumbre perder el tiempo.

– Anda solo un café. Si al final del café me sigues odiando te juro que te dejare en paz.

– Ok. – dijo Laura deteniéndose.

Marco sonrió. Fueron a la soda, que queda a un lado del parque. Pidieron dos café con leche. Marco además ordeno: dos empanadas de papa, un sándwich de jamón y queso, un enyucado, una enchilada. Le ofreció algo de comer a Laura. Ella lo rechazo.

– ¿Que droga te metes?, que comiendo así tengas como cuerpo ese saco de huesos, feo y maloliente.

– Ninguna, debe ser que como así porque estoy en crecimiento.

– Crecimiento, lo único que te falta por crecer es el cerebro.

– ¿Siempre eres así de amargada?

– Que te importa. Ya termino el café y de comer. Sabes te sigo odiando, ¿Podrías ahora si dejarme en paz?

– No. Sabes eres atractiva, me gustaría verte algún día feliz, a ver si solo amargada te vez linda.

– Vea mae. No me venga con esas cursilerías que no las soporto. No soporto la gente, que pasa leyendo poesía, solo para ver como consiguen esos amores eternos de telenovelas, además eres tan feo que ni la antología de Bécquer te haría atractivo.

– No amiga no. Tampoco creo en el amor. Amor me da mi gato, mi madre o mi hija. Lo único que tengo ganas es de cogerte pero nunca de enamorarme de una chica tan amarga como vos. Pero de que eres linda, eres linda.

Algo de esas palabras había aminado  la dureza de Laura. No vio al típico tipo bien vestido de los bares de sábado.

– ¿Qué estudias?

– Ah. Ahora la chica que me odia se preocupa por lo que estudio.

– Vete a la mierda.

– Estudio Filología. De niño quería ser astronauta.

– Lastima, te hubieras desaparecido en el espacio.

– No quiero darle ese gusto, a las niñas molestas como vos.

– ¿De verdad te gustaría cogerme?

– Con todas las ganas.

Un silencio se apodero de aquel espacio. Marco pidió la cuenta, salieron de la soda.

– Bueno amiga, fue un placer, según veo que me sigues odiando, así que me daré a la tarea de olvidarte, eso no me tardara más de dos minutos.  Así que sin más, cuídate, y se un poco más feliz – Marco se preparo a partir, Laura lo interrumpió.

– Si pones el lugar accedo.

– ¿Accedes?

– Si accedo.

– Ah… ¿Si de verdad? – A marco se le noto cierta emoción.

– Si.

– Pues Vamos.

Marco detuvo un taxi. Laura había tenido encuentros furtivos, pero nunca tan fugaces. Sentía un poco de culpabilidad en la conciencia, pero los ignoro. No le gustaba que ni la juzgara su propia razón. Llegaron al apartamento de aquel chico. Entraron, las manos temblorosas de Marco buscaron algún disco que poner. Laura se sentó tímida sobre la cama, Marco se sentó al lado, no sabían cómo empezar, quien daría el primer paso, nada. Laura se acostó en la cama esperando, la iniciativa de Marco pero este, en lugar de besarla o desnudarla se acostó igual. Se quedaron mirando el fluorescente, los dos sin saber qué hacer, no se miraban, no se tocaban, no nada.

– Sabes – dijo Marco – A veces me pregunto, porque la oportunidad de tener sexo llega tan a destiempo sin avisar, si hubiera sabido que tendría la oportunidad de cogerte hoy mismo, no me hubiera masturbado en la mañana.

– Yo cojo, solo cuando tengo ganas.

– ¿Y ahora tienes ganas?

– La verdad no. Pero, me pareció elegante cuando dijo que tenías ganas de cogerme.

– Sabes tengo ganas de cogerte pero en este momento se me apetece más un puro de marihuana.

– ¿Tienes?

– Claro. ¿Quieres?

– La pregunta es necia estúpido. ¡Saque esa galeta!

Marco, fue por la hierba, la pipa, y el encendedor. Fumaron largo rato. Se rieron, hubo hambre, mandaron a pedir hamburguesas por exprés, hablaron de arte, vida, filosofía, música, cine. Luego, al rato y en la misma posición de antes Laura se quedo dormida. Despertó con el susto de la hora, reviso que eran las 2 de la madrugada, pensó en el castigo de sus padres. Se levanto y noto, que Marco yacía en un escritorio escribiendo.

– ¿Por qué me dejaste dormir tanto?

– Te vez bella cuando duermes, además de tranquila. Sin peligro a morder.

– No sea imbécil llámame un taxi.

Marco llamo un taxi, Laura recogió su bolso y se marcho. Cuando llego a casa sus padres dormían, nunca se dieron cuenta de la hora de su llegada, Laura se marcho para su habitación, reviso su bolso y descubrió una nota que decía.

“Si pudiera mañana mismo, buscaría todas las aves que vuelen en el cielo antes de llover, las pondría en tu mirada, junto a esas nubes que relampaguean y tanto te gusta”

Laura sintió que el pecho se le estrujo, se detuvo frente al espejo, se masturbo. Luego olvido todo tipo de sentimiento que quisiera acapararla, durmió mal, se levanto de mal humor y se marcho hacia la universidad.

De camino, ella nunca entendía por qué la imagen de aquel tipo no la dejaba en paz. Recordaba su mirada, sus inexistentes modales para comer, el pelo, el libro de Benedetti. Cuando se daba cuenta que mientras pensaba todas esas cosas, una sonrisa se le dibujaba en el rostro. En ese mismo instante la borraba y se cercioraba que no hubiera nadie mirándola. Le daba vergüenza.

– Laura eres una chica inteligente, diferente a todas esas babosas, no te dejes embobar por una sonrisa bonita – se decía mientras caminaba.

Durante la mañana todo transcurrió normal. En el almuerzo, su mirada lo busco en algún lugar aunque su conciencia la castigaba. No lo vio en ninguna parte. Se fumo un cigarro después de almuerzo, tenía que hacer algunos deberes en la biblioteca. Su mente le recordaba aquel chico a cada instante. Eso realmente la enfadaba. La tarde se puso nuevamente nublada, caminaba rumbo a su hogar cuando mirando de nuevo las aves que siempre salen antes de la lluvia con las negras, relampagueando como a ella le gusta.

– Vez; todo el día sin verlo. Es otro más de los no necesitados, ahora sí que; mente supérelo – dijo hablando sola.

De pronto. Dentro de un basurero salió Marco

– Trate de no botarte, el cielo sigue oscuro, hay aves y no te vez con ganas de morderme. Este encuentro esta mejor

– ¡Estas loco! que haces ahí metido.

– Ahí estoy a salvo.

– ¿A salvo de qué?

– A salvo de no tirarte, y no cagarme en su día, y después terminar pijiado, escribiendo en mi habitación, mirando como sale una nena que no me pude coger.

– No me cogiste porque no tienes con que. Déjame en paz.

– No, eso no. Sabes, pensé en invitarte de nuevo a un café, pero creo que sería mejor invitarla a fumar, veo que los disfrutas más.

– ¿Tienes?

Marco enseño el pucho. Caminaron de nuevo por la ciudad, empezó a llover, se mojaban, jugaban con empujarse en los chorros de agua en las canoas, reían, todo estaba bien. Llegaron al apartamento, ambos estaban destilando, Marco se metió al baño se cambio la ropa, salió le dio un paño a Laura. Esta se metió al baño, al salir solo traía el paño tapándola, Marco casi se desmaya, radiaba felicidad, se le acerco la miro, la beso. El paño cayó al suelo, los besos las caricias eran una mezcla de dulzura, y desenfreno. Entre gemidos, olores y sabores, Laura sintió algo que no había sentido en otros encuentros. Después de su orgasmo pronunciado, se quedo acostada en la cama sintiendo uno a uno cada olor, cada instante No tuvo voluntad de vestirse y marchar, solo miraba la espalda desnuda de Marco que se había quedado dormido. Hacia mapas con sus dedos, mientras se preguntaba que tenía ese atorrante, que le desvalorizo con sinceridad todas sus ideologías.

Se levanto, fue hasta el desordenado escritorio de la habitación, había un bloc de hojas con algunos escritos. Cuando se disponía a leerlos escucho una voz.

– No se le ocurra leerlos.

– ¿No estabas dormidos?

– Jamás, sentir tus dedos en la espalda es algo realmente relajante.

Sin decir palabra alguna Laura se metió al baño, se vistió con la ropa que aun estaba húmeda, salió vestida, se dirigió a la puerta antes de salir se volvió a ver a Marco.

– Sabes bien que no volverá a pasar.

– ¿No íbamos a fumar?

– No volverá a pasar, no me busque, en la universidad, no me hables.

Laura salió. Marco conto hasta 23. Laura ingreso salvajemente, le salto encima, se desnudo en un instante, lo lanzo boca arriba en la cama y con la peor de las salvajadas, lo empezó a coger. Fue un encuentro salvaje, rigió el placer, el orgasmo de la niña fue una explosión. Dejo tendido esta vez a un cadáver asustado de la intensidad. Laura nuevamente se vistió con elegancia, se marcho. Es así como a ella le gusta terminar un coito. Marco se repuso, se tomo con dolor el pene, se baño, y luego se dispuso a escribir.

Marco no era el musculito de los sábados, era una sinceridad caminante, no tenia ego, no tenia auto, era natural. Era ese tipo de personas que ella creía que no existían. Esto realmente la aterraba. Se dio a la tarea de olvidarlo. Un sábado salió por unas cervezas al lugar donde nunca un escritor la buscaría nunca. Se sentó en la barra, de música fuerte y nenas superficiales. De musculitos con autos caros y perfumes asfixiantes. Fue esa noche el día que conocí a Laura, el día que intente invitarla una cerveza y me la rechazo. Acerque mi cara a su oído y dije

– Te vez tan amargada como si algo, hubieras perdido.

– No para nada. Así soy feliz.

Me conto parte de su vida, lo que no vemos, lo que no conocemos. Esa misma noche decidí sentarme en la computadora y escribirle esta historia. Si la historia es real o no. Eso  no importa. Lo que realmente importa es, que si en alguna disco de sábado te topas con una chica que te niega una cerveza, cómprala en la barra y dile al Bartender que le comunique que se la envía Andrés su amigo El Escritor, este mismo que le escribió esta historia, que la dibujo desde su esencia, que se peleo con las oraciones, porque lo inteligente y lo valioso realmente es difícil de dibujar. Mi historia es sobre la nena que sabe tanto y teme saberlo todo, la mujer que dentro, esconde un diamante que brilla más que la luz. La novia perfecta del Principito. La que le gusta vestirse con elegancia, salir y olvidar. Mientras sigue en la incesante búsqueda de sus propias respuestas.

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Un pensamiento en “La novia del Principito

  1. Realmente es una narración que despierta el interés, bien llevada. Pero en algunos episodios se deja trastocar por la fuerza que intenta hacerla creíble, sin embargo no se deja porque es allí donde se hace obvia que no es necesario hacerla tan real para que sea creíble, mi apreciado amigo, Diego.

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