Solo pensaba en masturbarme

Solo pensaba en masturbarme

Desayune 3 disgustos a las 2 de la tarde. Me fume un cigarrillo con la peor de las rabias, pensé en masturbarme pero mejor, salí a caminar. Pensé llevar mi guitarra; pero parece que iba a llover – mejor no –
Camine y tope con esas librerías que lo que menos que venden son libros. Había un luminoso letrero que decía.
“Twilight un millón de copias vendidas”
¡Mierda! y mis historias sobre realidades, al otro lado del mundo; y de madrugada. Quedan dormidas, en las barras de los bares.
No lo soporte. Pensé mejor en masturbarme. Otra vez.

Camine un poco más. En la parada de autobuses, los chanceros ofrecían la felicidad gratuita la grito del 75. Al fin de cuentas, si se quiere la felicidad, es gratuita. Solo habría que liberarse de todas las malditas cadenas, que nos atan a vivir como estúpidos. Yo que puedo decir. Cada día que pasa busco una cadena, que se esté aflojando, para socarla un poco más; y no perder toda esa “EDUCACION” que me han brindado.

Un indigente de esos que tienen más cabeza que, algunos que trabajan en las municipalidades, declamaba un poema de Rubén Darío.
Bueno, al menos, no esta tan mierda el mundo. Pensé.
Camine hasta el reloj de la parroquia para darme cuenta que eran las 4:15 p.m. un señor desarmaba, los mercados bulliciosos de las fiestas patronales de la iglesia. ¡Sí! Los mismos mercados que Jesús agarro a patadas en el nuevo testamento según Juan (Juan 2:16).
Cansado me senté el poyo del parque a fumarme un cigarro, un niño de 8 años, me pidió una teja. Un borrachito “la tres”, una viejecita una limosnita en el nombre de Dios, un policía mi cedula, justo antes de requisarme. Ninguna de las sabrosas oficinistas, se atrevió tan siquiera a pedirme el teléfono. De veras que me sentía cagado ese día, y más cagado recordar, que era mi único día libre de toda la semana.
¡A la mierda las deudas! Me voy para el bar del bueno de Ramírez. Tiene cosas mejores que contarme que este entorno.
¡Puta! Al llegar, aun el parasito de mierda de Ramírez no había llegado, a abrir el bar. Me senté en la acera a esperarlo.
Lo vi venir calle arriba. Traía una cierta satisfacción tatuada en su rostro, supe en su gesto que el negocio marchaba muy bien.
– ¡Maldito! ¿Usted cree que no existe gente con sed en este mundo? – Pregunte.
– Aun no voy a abrir. Vengo a limpiar.
– ¿Puedo al menos, verlo limpiar mientras me tomo una cerveza?
– Las cervezas están calientes.
– ¡Que picha con vos! Me las tomo con hielo.
– El hielo no ha llegado.
– Espero a que llegue.
– Llega hasta como dentro de una hora.
– ¡Mae! ¿Me quiere vender guaro sí o no?
– Bueno mae, pase rápido por favor.

El bar estaba hecho una pocilga. Ramírez tiro las llaves en la barra, abrió el congelador, tomó una bolsa de hielo, se sirvió un vaso, destapo la cerveza y se la empezó a beber.
– ¿De verdad que usted no vale un cinco? ¡Maldito!
– ¿Por qué bastardo?
– ¿No que el hielo venia hasta dentro de una hora?
– Se me olvido que aun quedaba esta bolsa. ¿Quiere una birra?
– No quiero ni picha, en este basurero no se puede tomar en paz.

Tomé la escoba y me di a la tarea de barrer el bar.

Después de barrer, limpiar, desinfectar los orinales, lavar la vomitada rancia de la noche anterior. Todo esto mientras Ramírez tomaba cerveza y mas cerveza. Me senté cansado en la barra. Ramírez me puso una cerveza, más caliente que el aguadulce de mi abuela.

– ¿Quiere hielo?
– No.
– Esta caliente.
– Si ya se.
– Entonces.
– ¡No quiero ni mierda! Por favor no me robes la decisión.

Empecé a tomarme la cerveza. De verdad estaba horrible la pobre. Pero igual, la tomaba y la tomaba. Fue cuando entro el socio de Ramírez. No llego solo, venia con una exuberante mujer, de figura escultural, morena, cabello tornando a azabache, una figura realmente espectacular.
Se sentó a mi lado, saludo. Me pregunte si la conocía o no, bueno eso no importaba, era magnifica. Pidió una cerveza, y sonrió con Ramírez. Sonríe muy bonito, pensé. Por fin los astros se estaban alineando.
– Ramírez, dame un puto vaso con hielo.
– Se acabo el hielo.
– ¡QUE GANAS DE MASTURBARME!
– Fantástico, es la mejor practica del mundo – dijo la nena que había entrado con Jorge.

Ese comentario derritió hasta el mismo hielo ausente del vaso que coloco Ramírez en la barra. La mire, y note sus enormes tetas, luego sus torneadas piernas cuando se acomodo sobre el banco, quise hablarle mas no pude. La impresión o la inseguridad de estar frente a semejante monstruo sexual, hizo que no pudiera hacer comentario alguno. Solo la imagine sin ropa, acostada en una cama, haciendo con sus dedos, un Atlantis en su vagina.

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