El arte de llamar la atencion

El arte de llamar la atención

Subir a la torre de la iglesia, amenazar con lanzarse en honor a su amor platónico, era algo común en la vida de Leonardo. Esos crueles intentos por llamar la atención, lo llevo sin deparo, a una vida pobre socialmente. No tenía amigos, solo unos cuantos lo saludaban mas por lástima, que otra cosa.

Su desesperación lo llevo a hacer cosas inimaginables como, correr desnudo la cuadra del parque con un letrero que decía “Juana te amo” atado con un cordel que apenas tapaba sus partes intimas.

Con 17 años, ya lo habían llevado preso muchas veces; más de diez según algunos conteos. Tenía un amplio historial en el Hospital Psiquiátrico del país, en el pueblo género la fama del “loquito manso” haciendo que la gente lo reconociese, pero sin darle mucha publicidad a su existencia.

Conoció a Juana en el colegio. La adolecente, había llegado de un pueblo lejano, el padre de la joven se dedicaba a extraños negocios, que lo hacían quedarse en una ciudad un año y marcharse a otra al siguiente, ese año toco San Ramón. En el pueblo se topo con un gran protagonismo, su belleza, un una sedosa cabellera rubia, y sus ojos verdes, se ganaban la comparación con cualquier niña actriz de Hollywood. Fue el sueño húmedo de muchos que apenas llegaban a conocer lo mágico de la atracción.

Mientras su popularidad crecía, en el colegio, ella contaba con una personalidad muy diferente. Era muy amena, social. Una humildad que le llenaba de suavidad el semblante, sencilla y altamente solidaria, ganándose el cariño de sus profesores y el respeto de sus compañeras, sin dejar de lado la admiración de los varones.

Esos mismos atributos fueron los que la llevaron, a notar a aquel sombrío chico que, con una soledad espeluznante comía tronaditas en un banco del colegio, en unos de los recreos.

– ¿Quién es? – pregunto a la amiga que la acompañaba.

– Leonardo. El loquito de la escuela- contesto la amiga, agregando –

– Es un verde . El mejor del colegio, pero siempre anda solo, nunca nadie quiere hablarle, seguro por temor. Debe de ser muy peligroso. Cuentan que una vez, intento a matar a su madre encendiendo el cuarto, donde ella hacía el amor con el pulpero , para saldar una cuenta pendiente. ¡Imagínate! No sé cómo lo pueden dejar estudiar en este colegio, debería de estar en un manicomio, pero según dicen los doctores está totalmente sano. Solo que le gusta llamar la atención de manera extraña.

– Me da lástima. – dijo Juana.

Su sensibilidad hizo que la joven no hiciera caso a la historia de su compañera, así que se dirigió donde él estaba.

– Hola. Mucho gusto soy Juana. ¿Y tú?

Un silencio se apodero de aquel instante. Nunca nadie se había tomado la molestia de ni tan siquiera saludarlo. Sus manos temblaban de manera incontrolable, tanto que las tronaditas querían saltar de su paquete.

– ¡Que rico tronaditas! – dijo Juana, como queriendo apaciguar el penoso momento de Leonardo.

Tomo una tronadita se la llevo a la boca, con una de las sonrisas más dulces que una niña de su edad pudiera otorgar. Leonardo estaba a punto de desmayarse. Ella tomo otra tronadita y se sentó a su lado.

– Cuéntame no seas tímido. ¿eres de por acá?

– Si. Vivo por san Juan – contesto la quebrante voz de Leonardo.

– Sabes soy nueva, deberías de llevarme un día a conocer San Juan –

– No es muy bonito –

– No importa, mi padre se quedara un año en este pueblo. Debería conocer tanto los lugares bonitos como no los no tan bonitos ¿No crees? –

Justo en ese momento la campana sonó. Juana se levanto, le sonrió nuevamente. Le dio un cálido beso en la mejilla.

– Fue un gusto conocerte, espero encontrarte en los recreos y robarte tronaditas – le cerro pícaramente un ojo y se marcho.

La sensación que Leonardo sintió, fue un cumulo de ideas y sentimientos que le enturbiaron aun más la razón.

– ¿De verdad se abra fijado en mi o es una mala broma de algún estúpido de este colegio?, ¿O será cierto lo que mi madre siempre dice? En toda parte siempre abra una media rota para un descocido –

Eso constantemente por un largo rato se lo repetía Leonardo para sus adentros. Estas ideas junto con otras hacia que su pecho se encendiera en una llama romántica que fácilmente confundió con amor. Volviendo cada vez más loco a su corazón. Pensó, pensó y pensó, algo con que sorprenderla y conquistarla para el resto de su vida.

Una tarde Juana salió de clase junto con su compañera. Conforme caminaba por los pasillos, notaba como los demás estudiantes que se topaba, la miraban y reían de manera burlista. Algunos la señalaban, otros le cerraban un ojo y volvían a reír. Causándole una molesta extrañeza.

Al llegar a la soda del colegio miro, como Leonardo colgaba tambaleándose de una cuerda atada a su cintura, a la rama de un árbol. Estaba disfrazado de ángel, con unas alas hechas con plumas de pollo, un taparrabo blanco de seda brillante y un letrero que decía “Juana me enamore de ti, déjame ser tu ángel de la guarda”

Juana al ver tal acto, que la exponía vilmente a la burla de todo el colegio, se marcho corriendo. A Leonardo lo bajaron el director y algunos profesores, se disculpo en la dirección y de ahí lo refirieron a ayuda psicológica. Juana nunca más le volvió a dirigir palabra alguna, días después se cambio de colegio. Leonardo siguió creyendo que ella muere por él, continuo elaborando planes de publicidad en su mente.

Fue así como nacieron todos los actos Quijotescos de Leonardo. Al transcurrir del tiempo se hacían más frecuentes tanto en el colegio, como en la ciudad. Además de los ya relatados se pueden agregar, las veces que el patio de la casa de Juana amanecía inundado de bolsitas de tronaditas, todos con un corazón adherido a ellos, la incursión que dio en un partido de futbol de la segunda división televisado, corrió por la cancha cargando su trillado cartel que decía “Juana te Amo” (al menos esta vez corría vestido), la contratación de un servicio de perifoneo, con la canción preferida de Juana cantada por el mismo Leonardo, en fin, un sin número de locuras, que etiquetaron a Leonardo de loquito sin publicidad, inofensivo del pueblo que casi todos ignoraban.

Un día la tolerancia de Juana colapso. Harta de tanta exposición, lo detuvo en la calle, y le dijo:

– Leo. Por el amor de cielo basta. Nunca me enamore de ti, nunca tan siquiera valore la opción, el día que te hable fue por lastima, nada más que eso. Eres un loco necio estoy harta, aléjate de mí, devuélveme por Dios la vida, no hagas que te odie más de lo que te odio ya –

Leonardo se callo, y se marcho con un paso muy lento.

El pueblo por un tiempo descanso de las excentricidades de nuestro “Don Juan”. Hasta que una mañana muy temprano, el padre de Juana al salir a recoger el periódico, miro en el jardín a todo el pueblo apostado frente a su casa. Cientos de personas miraban el árbol que estaba sembrado en su propiedad. Miraban con asombro tal escena.

Leonardo colgaba del árbol, se tambaleaba esta vez muy levemente, traía consigo las mismas alas hechas con plumas de pollo, el mismo taparrabo y por fin, había acaparo la atención de todo la ciudad. También colgaba en su cuello un letrero, pero que esta vez decía “Juana. Espero que ahora si creas que me moría por ti”.

Esta vez la cuerda lo sostenía de su cuello y no de su cintura.

 

 

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4 pensamientos en “El arte de llamar la atencion

  1. Interesante el cuento, tenes habilidad, mas una pequeña edición antes de una publicación final sería buena!!

    Besos amigo!!

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