¿Existe la verdad absoluta?

¿Existe la verdad absoluta?

Cuando camino, esquivo algunas miradas; mas intento sumergirme en otras. En ocasiones. Solo trato transitar. Siento el vibrar de mis pasos, a veces sólidos como plomo. En otros momentos, se suspenden por el aire, pues casi siento que estoy volando. Tristemente hay periodos en que apenas puedo andar.
Mi mirada, muchas veces es gobernada por la libido., colgándome como forastero de: los escotes, pantorrillas, traseros o desnudez. Descubriendo en medio de la vulgaridad, un abanico de sensaciones, que mi moral infundida me hace reprimir. Aunque existen momentos en los cuales, el sentimiento toca mi alma, cayendo preso de la belleza de: la sonrisa del niño, la bondad del anciano, el saludo efusivo, la sonrisa latente.

Mi mente es una atmosfera de sueños, algunos conclusos, otras quimeras. Mis recuerdos en su mayoría cargan con una lágrima, que descuelga en mi mejilla tornando nostálgica, la sonrisa de aquel niño.
Actualmente me da miedo soñar. Me he defraudado tantas veces, que me aterroriza, prometerme de nuevo “El agua bendita de la sed”.
El buen humor a veces es una escusa más, para no causar la alarma del que me rodea. La tristeza a veces es tan fuerte, que cometo la irresponsabilidad, de llorar delante de los demás. Son pocas las ocasiones que no me siento triste, asustado, decepcionado y desepcionador.
Pienso que mi vida, a veces es, la búsqueda eterna de mi mismo.

Me invente un egocentrismo, para nivelarme con los demás. Trato de gritarle a la gente que aquí estoy, que no soy un espectro, que soy real, que tengo carne, que puedo sentir. Mi personalidad efusiva a veces asusta el entorno, la gente me tacha, me censura. Hay momentos en siento un dedo índice apuntándome desde arriba, mientras agacho mi mirada y dejo que la lluvia moje mi cabello.
Moralmente, inmoral. Los excesos de lujuria quedan en mi mente, siendo la trama imaginativa de mis pensamientos. En soledad copulan, entre el placer y el vicio de mi masturbación. En cuestiones de mujeres, apetezco la vida de Don Juan de Marco, pero mis sentimientos siempre me tornan en un Cyrano de Bergerac en los tiempos actuales. Mis conquistan han sido atrapadas por la tinta y el papel, mis abruptos sexuales, algunos los escribo, otros los coincidió en el juego de los dedos y los instintos salvajes.

Mi mente es un collage de partituras, melodías que se elevan en sueños e ideales. Cuando mis dedos se cansan de mi guitarra, las melodías son letras que se acumulan en el papel, con forma de historias; si bien inventadas, son autobiográficas de vidas que se disfrazan de mí. Cuando mis inspiraciones se marchan solo quedan en el escritorio, una página en blanco que se empapa con mis lágrimas y me llenan de frustración. Otra vez el miedo al futuro, lo oscuro del horizonte y la decepción de no tener que escribir.
Asustado guardo tinta y papel, cuelgo la guitarra y sobrevivo casi muerto ¿Qué es un hombre sin sueños?… lo escuche hace tiempo; aun tiempo cuando lo pienso.

Mis emociones es un constante remolino, a veces soy fiero de cualquier lucha, otras veces soy un huérfano indefenso de la inmensidad. Me molesta la falta de conciencia, la crueldad, la frialdad. Aunque yo mismo peco de los semejantes errores. Lloro con facilidad; alguna película, algún sentimiento, pero siempre me escondo para hacerlo. Me hago fuerte a la realidad, trato de enseñarle al mundo, una frialdad espeluznante que a veces actuó.
Me cuesta creerlo todo, aunque en secreto me aferro e la fe, de la ilusión, de la esperanza, confiando ciegamente en el titiritero del espíritu. Me cuesta creer en el que tiene la lengua de carne. De tanto llorar deje de creer en “la verdad absoluta”

En mi cielo llueve. Cuando no me encuentro, cuando proteger es poco, cuando no me agradecen mis intentos, cuando mis logros están ausentes. Sollozo cuando no tengo salida, cuando no puedo escapar (¿escapar de qué? Aun no lo descubro), cuando se me es imposible explicar lo abstracto del pensamiento. Mi semblanza se torna mórbida, no me motiva nada, me escondo de las caras.
Cierro las ventanas, me encierro en mis propios calabozos, bajo las cortinas. Me quedo ahí, sin escribir. Hasta que la tempestad pase y salga el sol. Mi único consuelo es la esperanza que tarde o temprano va a escampar.

Cuando sale el sol. Me doy la mano para levantarme del rincón, protejo a mis seres sin afán de agradecimiento, seco las lagrimas, busco con ojos cerrados las salidas. Mi mente es una obra de Dalí, entendible, fina y equilibrada. Dibujo la sonrisa sincera, me motiva el porvenir. Abro las ventanas y recibo la luz. Le doy la bienvenida a los gestos y las caras, los calabozos se convierten en prados de paz. Escribo, tinta plasma de deseos, vértigos, sabores y sentimientos. Me doy cuenta que la esperanza es solo una cuestión de tiempo, la tristeza un estado desperdiciado, creyendo que existe la verdad absoluta.

Pues ese es un pequeño paseo por mi relejo, por la mente que no se encuentra, por el gesto del miedo constante, sube y baja de emociones, eterno clímax de libido. Aunque mis comentarios por momentos sean puñaladas a la sutileza, el morbo incomodad de lo moral, en el fondo aun soy un niño, que cree, que vive, que se desvela defraudándose con facilidad.
Soy una caja de pandora, con cientos de sorpresas y miles de defectos. Solo le pido a la gente que ignoren la primera impresión, que mis erecciones no molestan tanto, solo son erecciones al fin. Si gustan poner oídos sordos a mis “inmoralidades” al fin y al cabo… la perfección es un sueño y llegue a creer que la verdad absoluta no existe.

Reflejo

Diego López

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