El agua bendita de la sed

El agua bendita de la sed
Diego López

Recuero la turista que me dio el agua bendita de la sed, trayendo tranquilidad en la tempestad. Revivió la esperanza de lo perdido. Fue el oasis en el desierto, fueron los vértigos que me volvieron a nacer.

En mis caminatas extensas, siempre cargo conmigo la cantimplora, que contiene además de agua; la risa refrescante de mi hija. La fortuna de tener al menos deseos y sueños.

Ha sido cántaro que no seca, es torrente de pasión, un orgasmo no fingido, la caricia no pedida, el abrazo sorpresivo, los escotes de mi libido, los muslos que acorralan, que esclavizan en sus olores.

Fue aliciente de mis quemaduras en medio de aquel infierno, fue la sonrisa de mis tristezas, la esperanza de mi derrota, la mentira de mi “verdad absoluta”. Me encontró, en el lugar donde nunca me habría buscado.

Hoy.
En tus besos halle el refugio, en tus abrazos he saciado mi sed, tus negaciones han moldeado mi fe, mi insistencia tiene el mapa de tus labios.
Cada vez que me descubro en los rincones de tu sudor, recuerdo el dulce sabor, de el agua bendita de la sed.

Sed

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Un pensamiento en “El agua bendita de la sed

  1. Está interesante pero como que le cortaste algo que podría ser el corazón del tema, no se me da la impresión que al editar la editaste demasiado. Besos amigo.

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