canibal

Caníbal

Aunque el libido divague en tu mente, no mostrándolo a la imaginación de los perversos contadores de historias. Bien sabes, que él es un monstruo que te cuesta manejar. Te domina te hace sentir mala, pero por otra parte te llena de caminos, en el mapa extenso de tu placer.

Si bien las palabras te suenan bonitas, se qué prefieres la piel candente que te domine. El aroma que perfume tus ojos cerrados, los zumbidos que tornen tu espacio de música sudorosa. Esto hace que tus ojos melancólicos se pierdan en el horizonte de tu ventanal, esperando ese caníbal que un día estuvo y te hizo cumplir todas tus fantasías.

Caníbal que se hizo adicto a ti, por medio de, deseos, lujuria y perversión. Le tenias todo permitido excepto enamorarse, Todo se valía menos llorar, todo se podía sin reclamar. Descubrieron como saborear todo lo interminable, el sudor, el éxtasis, el tiempo.

Las horas te parecían interminables. Fueron un conjunto conjugando el verbo de la adicción.

Las miradas se perdían en el abismo de lo incontrolable. Se conectaban tan profundas como aguas de lagos sin navegar. El sol te sorprendía en el amanecer. Abrazada fuerte permanecías al déspota que te robaba la moral. Te desbordaba en pasión la insolencia mal habida de aquel ser.  Nunca sentiste tanto arte a alguien que te sacaba la ropa, nunca disfrutaste la maldad de nadie como disfrutaste la de él.

La vanidad desaparecia de ti, lo prohibido era rutina, no hubo confín de tu cuerpo que su lengua erguida no te explorara. Aún recuerdas ese miembro, no por el tamaño sino por el placer que provoco en ti. Sientes que algo se enciende, y ahí frente al ventanal tus manos rozan tu cuerpo, imaginando que esa piel se halla cerca de ti, de nuevo empapada de sudor. Sientes un ardor en medio de tus piernas, cierras los ojos y no ves más que su rostro.

Vuela tu mente y te dejas llevar en vaivén de recuerdos, suspiras y sientes que algo en ti se desprende, el alma tal vez,  saboreas el olor a tabaco de su aliento. La brisa de tu ventanal de remueve el cabello, la ropa aun puesta grita con delirio el derecho de caer al suelo. Cuando tu mano se mete entre el sostén y tu seno abres los ojos y recuerdas con despecho…

El poder que le dabas con desdén te indignaba. Por eso miras el ventanal y sin lágrimas lo recuerdas. El marcho y se llevo consigo algo era tuyo… “la promesa del placer”, tu morbo, tu fantasía, tu sexo, tu fuego. Quieres volver; donde los besos son eternos y los zumbidos gemidos. Quieres ver de nuevo como esa miel  que te empapaba el abdomen, esas gotas blancuzcas, ese semen que quemo tu cuerpo marcándote como un tatuaje, resbalando por la brisas de ese mismo viento que sientes.

Pero basta, dejas ya de pensar en el caníbal… pues tu esposo acaba de llegar del trabajo y tienes que darle de cenar…

Al fin y al cabo en una historia de cual nunca se llego a enterar.

Diego López

Fotografía de Sofia Retana

Mujer en la ventana - Eugenio Salvador Dali

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7 pensamientos en “canibal

  1. Como siempre Poeta me dejas sin aliento, sin una palabra como expresar lo que tu poesia me hace sentir,Un aplauzo para mi amigo el Poeta………..

  2. Vez ya lo lei esta demasiado bueno, de verdad que es la lujueria de toda mujer,y que por lo general no la expresan..

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