Tres días en el calabozo

Tres días en el calabozo

Diego López

Que las palabras no conformen un agudizo grito de escusa. Pero la verdad es que fui raptado, millones de sombras utilizaron un descuido lateral en el ondear de mi cabello, penetrando en mí, colmando mis ojos de lágrimas, lamentos, ¿porqués? Me engrilletaron los pies, destruyeron mi guitarra, quemaron mis escritos, volaron mi cabeza.

Tres días en el calabozo, dibujaron los llantos de mi hija en la pared. Una bruja con pócimas de cuervo sacaba en sangre mis ojos, no podía ver; que mañana arrancaba un nuevo día, que la lluvia mojaba el zacate de los prados, los trastes de mi guitarra, la virtud de las palabras, el fuego del poder.

Cuentan que hubieron llamadas, esperas, un café se enfrió plantado, al “Martin Fierro” le nacieron gusano. Las disertaciones de literatura fueron procesiones de silencio, se celebraron crucifixiones al intelecto, tentaciones de abandono.

Que estas palabras no sean una máscara de la irresponsabilidad. Pero estuve tres días en el calabozo. Casi muero… sino hubiera sido por, las facas que lamieron mis heridas, los Edùpiros que afinaron mi guitarra, y con agua en un clarne refrescaron mis palabras, sacándome de ese lugar…

Como agradecimiento les prometí, una romería al templo del maestro, aunque mi abandono lo tenga en enfado. Allá en lo alto donde él con un oráculo con  forma de lapicero adiestra sus hadas de creación, enviándolas a sacarme de tres días en el calabozo…

Para Lenin

Gracias.

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