El beso del Rock and Roll

El beso del Rock and Roll

Un tipo en un bar, mirando mis ojos con furia acallada,. Hablaba sobre lo cobarde que se convierte el ser humano al no pensar bien elegir el que hacer para sobrevivir. Cuando uno se da cuenta, siente una opresión en el pecho, que quema, descompensa, tan fuerte que dan ganas de llorar, gritar y hasta desertar.

Este tipo, enseña como pronunciar y hablar una lengua en un país donde no han hecho creer que nos va a abrir las fronteras. Cierto seria si pudiéramos conjugar, pronunciar y entonar el verbo de la libertad.

No estamos aptos ni de pronunciar de forma correcta el castellano diario.

Por un momento pensé e imagine su depresión al llegar al hogar de algunas noches de tedio, de sistema y de educación.

Cualquier día donde el verbo “To Be” parecía algo irrelevante.

Yo en cambio me dedico a vender instantes de diversión (o eso dicen) en medio de las tristezas. Mi ánimo por instantes embulle en cóleras mal formadas o desesperanzas ante el reflejo de la superficialidad. A veces disfrazo mi rostro con una sonrisa forzada, por momentos malintencionada. Me revuelco en el charco de de las apariencias, escarbo en los linajes falsos de una estúpida sociedad.

Cargo con una depresión de madrugada.

Cuando todos duermen recojo en las esquinas de mi habitación las musas olvidadas, llorosas, depresivas, que no quieren inspirar más a los cobardes.

Lloran conmigo el olvido, me reclaman el paso del tiempo, se niegan a desnudasen para hacer del libido y/o la necesidad, una canción.

Se, que tanto al maestro de tiempos, como a mí nos altera este asunto. Aunque nuestra alegría queda en manos de esos hijos bien formados, sonrisas de doncellas que creen en nosotros, acordes perfectos y desafinados de un tal “Daniel Johnston” y por supuesto la esperanza.

Esperanzas; de que nuestros sueños nunca despierten. De los timbales, platillos, bombos y galletas. De sus efectos en nuestras almas, sangre y perspectivas. De su resultado redentor de corcheas, blancas, negras o multicolores, a las que muchos no le hayan sentido. Letras nómadas de estados y dementes creadores de utopías. De cimientos, de realidad. De ritmos suculentos, de besos del Rock and Roll.

Nos despedimos pagando las cuentas y chocando los vasos, con el afán de volvernos a encontrar, la locura de seguir creyendo en cada quien y lo más importante, creer en nosotros mismos (es lo que vale). Al fin al cabo sobrevivimos, ya sea enseñando otro idioma o vendiendo a alto precio la diversión falsa del derroche.

Vivimos de la quimera perpetua de la música, el arte y las palabras.

Tengo fe y esperanza de que nunca despertaremos de nuestra fantasía, y seguiremos fiel al beso lascivo lujurioso y adictivo del Rock and Roll.

Para Gustavo Córdoba.

Daniel Johnston

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