De paracaidista y explorador

Vuelo alto en cielo, me trasformo en nube. Te miro abajo, junto al lago. Estas esperando un instante, ese momento, donde el viento levante del suelo, la hoja seca de algún recuerdo. Tu rostro es imagen melancólica, de buenos momentos y eternos errores. El lago esta calmo, la tarde se desvanece, otra vez. Las estrellas se asoman, y yo me doy cuenta, que es hora de hacer mi salto en paracaídas, a manera de viento, ese mismo que te mueve el cabello.
Caigo amortiguado, en el olor de tu champú. Camino las sabanas de tus cabello, sintiendo en cada hilo, los aromas de tus leves sonrisas. Correteo susurrando, algunas canciones en tu oído. Derrapo en un giro por tu sien. Planeo un improvisado vuelo por tu ceja, y antes de caer en el abismo, me agarro fuerte de una de tus pestañas, y en el balanceo, puedo ver mi reflejo, en el claro de tus ojos. Utilizo de tobogán tu nariz. Para resbalar suavemente hasta tus labios., que entre abierto tararean, la canción que yo te enseñe.
Me abrazo en tu cuello, con siete besos de aquellos protectores. Junto con las cosquillas, el movimiento brusco de tu hombro, me catapulta hasta tus senos. Y me pongo a jugar como un niño en el campo. Me entretengo rondando tus aureolas, saltando feliz de seno en seno, con mis zapatitos de besos. Hago equilibrio en cada uno de tus pezones erguidos. Cuando encuentro un extenso camino por tu abdomen. Y lo recorro curioso, mirando alrededor, puedo sentir justo en mis pies, el movimiento de tu respiración. En tu ombligo encuentro una fuente, con unas cuantas gotas de sudor. Lanzo tres o cuatro monedas, pidiendo siempre el mismo deseo. Me siento al borde, y descanso un poco, miro hacia el cielo y noto que no hay lunas, estrellas ni testigos.
Así que como soldado pecho a tierra, me arrastro hasta tu pelvis. Siento los dulces sabores de tu sexo. Ahora los movimientos de tu respiración se vuelven más agitados. Y me cuelo en los movimientos y allá lejos en el sur, observo como tus muslos se levanta, como si fueran un amanecer. Con un poco de miedo o de sorpresa, me escondo en tus cavernas. Húmedas cavernas. Sonrió y ahora miro el norte. Y son tus ojos que miran directamente los mios. Te desvaneces en un suave gemido. Así que juego y juego y juego, hasta que una explosión hace que todo se quede quieto. Siento que te has quedado dormida, antes de darte cuenta.
Decido buscar un lugar donde pasar, el resto de la noche. En ese momento, todo está quieto. Así que inicio una caminata por tus muslos, cruzo las divertidas texturas de tus rodillas, y miro las cicatrices de tus últimas caídas. Sigo el plácido camino despacio, por tus espinillas. Y siento que me acerco a tus sueños, así que levanto mi tienda de campaña, enciendo una pequeña fogata, y me dispongo a pasar mi sueño allí, justo donde me gusta, al borde tus pies.

 

El ultimo round

El último round

 

 

Eres un maldito genio en toda esta puta ciudad. Ciudad que se pudre, que se vomita, que se desmaya.             Que revive en falsas esperanzas. Has sobrevivido a la decadencia, de una familia, retratada en la pared. Tienes el valor de plasmar en el papel lo innombrable. Vives de los sueños que nadie quiere creer, y que te niegas a despertar. Te descuartizan como res en matadero, con golpes, señales, ignorancia, y tanta fue la costumbre, que hasta tu mismo, aprendiste a hacerte la zancadilla. ¿Por qué sigues tambaleándote en la hamaca de las falsas esperanzas? ¡BAJATE AHORA MISMO! Y ponte a caminar. Te lo ordeno, reverendo maricon sin sentido. Tienes al frente, un FUCKING atardecer, y te entretienes, con el llanto de las que nunca te pudieron entender. ¿Aun no te has dado cuenta? Que eres un muerto para ellas. Inicia por fin tu propia vida, te lo ruego por el amor del cielo.  Déjale el corazón a esa mal agradecida, lo necesita más que vos. Conserva contigo tu deseo, es todo lo que necesitas. Ella fue el sueño postergado, pero ella fue la que eligió despertar, llenando tus pasos de mierda. ¿Aun así sientes compasión por ella? Que se pudran todas sus faltas de impulso, se que la amas, pero tú, eres ¡EL MEJOR DE LOS ESCRITORES! Eres la sensibilidad en carne y hueso. No te mereces, las salas de emergencia, ni los ataques de pánico, ni las dudas, ni la basura de un pasado, ni el equipaje de culpas que dejaron en tu patio. No te mereces, la vergüenza, ni la rabia, ni la autoestima por los suelos. No te mereces recordar ese cuerpo desnudo. Ni sus besos, ni sus palabras que se llevo el olvido. No mereces nada de esa compasión, ya que ella nunca te mereció.

Tuya es la libertad, los relatos, las historias. Nadie mejor que tu ha, aprendido a vivir con tanta elegancia la decadencia. Tuvieron la virtud de enviarte aun más al fondo del fondo. Y cuando el camino se vuelve pesado, no queda más que dejar la maldita carga tirada. Al final de cuentas en el camino de los valientes, siempre te encuentras solo.

Tienes el don de dibujar las almas ¿Qué mas pides? Si eso es todo lo valioso, mirar más allá de donde ven los tontos. Te lamentas no haber tenido su futuro, pues gran hermano sepa, eso ya no era de tu incumbencia. Tienes arte de pelear con un trabajo que no te gusta por 9 horas, después de haber dormido solo 3, con las resacas que desordenan, hasta la última maldita vertebra. Luego llegas a casa y con las pocas fuerzas le das duro a esa cosa que es tu sueño ¿Y te sientes fracasado porque alguien perdió el maldito impulso tan fácilmente? No me hagas reír ¡PLAYASO!

 

Te abofeteo, porque te amo. Solo quiero que entiendas, tienes que,  alejarte de todas esas malditas cadenas. Aléjate de ser el maridito de tu madre, ERES SU HIJO, el único deber. Fuera eso, de ser el futuro, de la gente insegura. A la mierda eso de ser el abrazo extendido del buen amigo. Déjate abrazar vos de vez en cuando. Nunca más víctima, de la decadencia que no te toca. Estas clausurado para los IDIOTAS que no te ven como buen escritor. Vas bien pensando que algunos poemas, son para poetas cobardes. ¿Habrán hecho un cuento alguna vez? FUERA de esa maldita costumbre de ser con los demás esplendido CON TU VIDA. Fornica, fornica, fornica, y fornica, con todas a la vez y con ninguna también. DE HOY EN ADELANTE… “Ese pasado dejo, una cruz de madera, que cargas tu y que cargas tu. No hallas, la samaritana que entienda, que no buscas sustituta de mama, si no nada más compañía en el paraíso de tu soledad.  Tal vez, con el tiempo te llegues a enamorar, o te llegues a olvidar, NADIE SE VA A MORIR O MATAR”. Soy un gigante para caber en toda esta mierda. Pero acostúmbrese forasteros, porque aquí me quedo, solo para demostrarles, que las puertas se hacen gigantes, solo para los que sabemos crecer. Los pequeños pasan solo, por los agujeros de las madrigueras, donde viven las ratas mas apestosas… he visto mucha gente meterse en esos agujeros. Tontos, que nunca han sabido que es un Babel. Mi club será el más selecto.

ERES EL BASTARDO MÁS TALENTOSO DE LAS IMÁGENESY LOS RELATOS. ¡Sobrevive! Que para vos eso es fácil. Aunque te duela no haber tenido nunca ese último round con los perdedores. ¡ELLOS HUELEN TU GRANDEZA!


 

 

 

 

 

 

Cagado de risa

Cagado de risa

Cada vez que miro el rostro de alguna chica, alcanzo a imaginar su gesto, ya sea llorando o cogiendo o mamando. No me gusta imaginarlas sonriendo, prefiero ser yo el ladrón de las sonrisas. Conocí a Pilar un mal día. Me la tope a bordo del autobús. Desde el momento que la vi, no podía entender, el porqué sonreía de manera tan estúpida, para mi mala fortuna el único espacio desocupado era, a su lado. Mientras me sentaba, sentía su mirada en mi rostro. Podía escuchar su maldita sonrisa.
- ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en el rostro? ¿Se me está saliendo un moco? ¿Qué te produce tanta risa?
- No para nada, creo que eres un chico lindo, eso me da risa.
- ¿Te da risa? Debes estar lunática.
- Mucho gusto Pilar.
- A mí que me importa, borra esa sonrisa imbécil de tu rostro por favor.
Su sonrisa se convertía por momentos en carcajadas. Supe en ese momento, que como la mayoría de las veces, mi viaje en autobús iba a ser bastante largo. No dejaba de sonreír con la mirada clavada en mi cara. La miraba de reojo e intentaba imaginarla cogiendo, llorando, comiendo, mamando, pero todo era imposible, todas las visiones me llevaban a su risita.
- Mierda – dije acabándose la tolerancia – que necesita, un pene que te borre la sonrisa.
- No chico lindo, la verdad que tu pene me haría aun más feliz.
- La idea es quitarte la felicidad.
- No lo lograras, nunca he llorado, nunca he estado triste, nadie nunca me ha borrado esta sonrisa de mi rostro.
- Pues deberías darme un chance.
- Esta bien, bajémonos en El Puerto, buscamos una cabina y haces conmigo lo que quieras, estoy tan feliz que me siento completamente mojada.
En ese mismo momento, me guinde del mecate que le hace parada al autobús. La tome de la mano, nos bajamos en medio de la nada, la lleve por un charral, la puse contra un árbol y me dedique a culiarla. Nadie nunca nos podría ver. Asi que eso, no era mi preocupación, empujaba, empujaba, cada vez con más fuerza. Lo que si me preocupaba era que su rostro no paraba de sonreír, y en lugar de gemidos, lo que escuchaba eran carcajadas, las más chocantes, estridentes, locas. Me regué en medio de la frustración.
- Vistes, sigo feliz, más sonriente que nunca.
- ¡Estás loca! – me dispuse a marcharme y dejar a esa demente tirada en ese lugar, tanta felicidad no me puede traer nada bueno.
- Sabes, no te puedes ir.
- Usted vaya a comer mierda, usted está loca, yo me voy.
- No chico lindo, tú ya me tomaste a tu manera, ahora me toca a mí, tomarte a mi manera, es de caballeros conceder esa parte del trato.
Pensándolo bien, la nena esta, aparte de demente, tambien esta como quiere, así que le tome la palabra. Se fue a la orilla de la calle y empezó a hacer “ride”. Trate de acercarme.
- No imbécil, contigo a mi lado, cuesta más que alguien se detenga, escondete.
Se detuvo un tráiler que iba rumbo a la frontera. Vi a Pilar negociar con el camionero. Luego me volvió a ver e hizo un gesto que la siguiera, abordamos el tráiler, ella quedo en el medio del camionero y de mí.
- Linda sonrisa bebe – dijo el camionero.
- Mierda no – dije en voz alta.
- De verdad no le hagas caso a este loquito, anda un poco amargado – le dijo ella al camionero.
- Bueno princesita ¿Cumplirás tu parte del trato? – dijo el camionero.
- Claro – dijo ella.
Pilar se inclino a chupar la picha de aquel camionero, no quiero imaginar cuanto tiempo tenia sin bañarse.
- Sabes – me dijo el camionero – llevo tres días sin parar en camino, sin comer, sin bañarme, a temperaturas realmente altas, y que esta dulzura aliviane el camino de esa manera no tiene precio. Pero lo más impactante amigo mío, es que no le importe, el olor a mufla descompuesta que puedo traer en las pelotas.
- Esta realmente sabe a verga – dijo Pilar en medio de una carcajada.
La situación era tan desesperante, que decidí relajarme. El camionero nos dejo justo en el centro del puerto, pude ver la misma sonrisa imbécil en el rostro de aquel malnacido.

- Adiós señor, gracias por el levantin.

- No mamita, gracias a ti. Has alivianado el peso del trabajo. Espero seguir encontrando la tarifa es la misma.

Pilar le guiño un ojo, el camionero, que se reía como loco, como si algún espíritu de felicidad lo hubiera abordado en ese momento. Pilar empezó a caminar, yo no tenía afán por seguirla.

- Vamos chico lindo, tienes que cumplir con la parte de tu trato recuerdas.

Derrotado la seguí. Fuimos hasta las cabinas, nos recibió una señora morena y grandota, se comía un vigorón gigante, cuando miró a Pilar la reconoció en el momento.

- Pilarcita mi vida, tanto tiempo sin venirme a visitar. Veo que traes compañía. ¿Otra víctima más de felicidad?

- Si Doña Cristina, pero este, está realmente difícil, no le he podido sacar nada aun.

- Bueno, el cuarto esta tal como lo dejaste.

- Gracias Doña Cristina.

Pilar me tomo de la mano, me llevo hasta la habitación número 5. Abrió la puerta. La cabina era realmente tenebrosa, llena de cuadros de payasos, todos riendo, fotos de gente carcajeándose. Encendió la radio, y en lugar de música, sonaban, risas, carcajadas, chistes. En la televisión solo habían videos de momentos jocosos, realmente me aterre, pero antes de reaccionar, me tomo de la mano y me arrojo a la cama, bajo con rapidez mi pantalón, se quito sus ropas y se sentó a cabalgar sobre mí. No puedo negar que su manera de coger era increíble, estaba tan asustado que aun si podía mantener la erección.

- JA JA JA JA dame mas, si JA JA JA JA dame eres mío.

Era todo lo que alcanzaba a escuchar de su boca, su rostro era una carcajada completa. De pronto mi cuerpo empezó a sentir que lo abordaba una extraña sensación. Mi estomago empezó a temblar, mi respiración se entre cortaba, mi boca empezó a tener voluntad propia y cuando me di cuenta, estaba sonriendo, mientras ella más me cogía, mi sonrisa era risa, y sin darme cuenta estaba revolcándome en la cama cagado de risa. Ella se vistió y se marcho. Dejándome ahí, en la cama de una cabina en El Puerto cagado de risa.

Sin poder reponerme. Salí de aquella habitación, Doña Cristina mientras clavaba la mirada en mis ojos murmuro.

- Otro pobre que cayó.

La volví a ver como sabiendo que ella tenía la explicación de mi locura, pero en lugar de decirle alguna palabra, solo me reía como imbécil. Camine varias cuadras, la gente se me quedaba viendo, de seguro me miraban la estupidez de reírme de la nada. Ese montón de felicidad era asfixiante. Intentaba imaginar a las mujeres que me topaba, mamando, cogiendo o llorando, pero era inútil, la única forma que tenia para imaginarlas era riendo. Luego, todos a mi alrededor se reían conmigo, las carcajadas eran perturbadoras, en el fondo quería terminar con tanta felicidad. Así que desesperado me fui corriendo a la casa de Doña Cristina.

- Sabia que regresarías – dijo Doña Cristina, con un gesto de lastima y preocupación.

- Puedes ayudarme – dije cagado de risa.

- Mientras Pilarcita no se entere, pues me tiene amenazada con la maldición de la felicidad.

Me llevo a un cuarto oscuro, me sentó frente a un televisor y tomo el casette de un VHS, encendio un viejo televisor a blanco y negro y comenzó a proyectar una película.

- Mírala completa.

La empecé a mirar. Era un video sobre mis momentos más tristes, mis derrotas, mis fracasos. Poco a poco la carcajada empezó a mermar su intensidad. Yo seguía viendo aquella película sobre lo más triste de mi existencia, lo que había olvidado hace mucho tiempo, los llantos de mi infancia. Mis preguntas más oscuras. Cuando me di cuenta, mis ojos estaban bañados de lágrimas, ya no había sonrisa en ninguna parte, me volví a sentir “normal”. Doña Cristina volvió al cuarto y me dijo:

- Ven tenemos que hablar.

Me sentó en una mesa a la orilla de la playa.

- No sé quién eres, pero por tener toda una vida de conocer a Pilarcita, me doy cuenta que eres una persona, que tienes la estúpida creencia de que tu felicidad le compete a otra persona. Chico déjame decirte que el único dueño de tu felicidad eres vos y nadie más. Nunca vuelvas a caer en ese error. No curo a todo el mundo, la gran mayoría de las victimas de Pilarcita, creen tanto en que alguien de afuera les dará la felicidad, que prefieren vivir esa hipocresía y no su propia felicidad. Así que sería en vano curarlos. Al verte salir de la cabina, con tu carcajada fingida, vi en tus ojos sinceridad, así que decidí enseñarte este secreto. Ahora márchate, y recuerda la felicidad de cada quien es labor de cada quien, no de alguien que llegara a tu vida y te la ofrece con miles de placeres, para luego marcharse y dejar tatuada la mentira en los labios. La gente te puede hacer sentir feliz, pero nunca hacerte feliz, sentir y hacer son cosas distintas…

Se levanto de la mesa y se marcho, justo en ese momento una joven bella paso al lado. Me sonreía, me la imagine chupando un pene y lo logre. Luego paso una dama un poco feliz, trate de imaginarla llorando, y lo logre. Me dibuje una sonrisa en los labios, me levante de la mesa y camine por la playa, disfrutando por primera vez mi propia felicidad.

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Un día de suerte en los negocios

Un día de suerte en los negocios

 

Llevaba mucho rato, de que el agua golpeaba mi cabeza y las ideas no encontraban la claridad. Pregunta tras pregunta, ese fue uno de los baños más largos de toda mi vida. Cerré la llave de la ducha resignado, que en el mosaico, de la bañera solo habían hongos y residuos de semen y nunca respuestas. Tome el paño y empecé a secarme las dudas frente al espejo, me llamo la atención, el extraño brillo de mis ojos y el reflejo en el espejo que dijo:

 

- ¡Diay pedazo de Hijueputa! Tenía tanto tiempo de no verte, que te habías hecho.

 

Me abrase a mi reflejo, como dos compañeros de colegio, después muchos años sin versen.

 

Termine mi aseo personal, cuando una erección salto entre mi desnudez. Tome mi pene y al verme desnudo y bello en el espejo, el más fuerte de los narcisismo me acorralo en sus deseos, y me masturbe excitado hasta el fin, por cada uno de mis gestos, gemidos y movimientos. No hubo nada que me excitara más que, mi mismo reflejo desnudo en el espejo del baño.

 

Que bello y que excitado me sentí. Tanto que tenía que salir a festejar. Había hallado un bar nuevo, cerca de mi casa. Me trataban bien, de vez en cuando los Bartender me invitaban algunas cervezas, gustaban de mis historias, aunque odiaban mis chistes, no se metían nunca, con mi estado de ánimo, respetan de mi presencia y nada más. Ese día había poca gente.

 

- Andrés, mucho tiempo de no verte, ¿lo mismo? – dijo el Bartender colocando la cerveza de las mas frías.

- Vaya eres de los más frecuentes – dijo una chica que volvía de los baños y se sentaba al lado.

- ¿Por qué lo crees? – pregunte.

- No tuvo necesidad ni de pedir la bebida cuando ya te la sirvieron.

 

En ese momento le lancé una mirada al Bartender.

 

- Entendido amigo Andrés.

 

Empezó a michelar una cerveza, se la sirvió a la chica.

 

- Diablos me gustaría aprender a hacer eso – dijo la chica.

 

- Frecuenta de manera discreta, los lugares donde nunca te olviden y lo lograras. el problema es que somos nosotros mismos que nos olvidamos o descuidamos esos lugares, y no precisamente tiene que ser un bar, a veces  nos sucede hasta con un estado de ánimo, un amigo, un momento.

 

- Salud por eso – dijo la chica mientras chupaba la sal del pico de la botella.

 

- Tienes un bárbaro talento para la cerveza michelada – dije mientras le lanzaba otra mirada al Bartender.

- De una sola vez – dijo el chico mientras se disponía a michelar otra cerveza. Se la coloco a la chica.

 

- ¿Y esa?

 

- Con ese talento, podría pasar toda la tarde, poniendo como gallina, miles de cervezas.

 

- ¿De verdad? – dijo la chica, esta vez metió todo el pico de la botella entre su boca, como si fuera el más carnoso de los penes, toda la sal desapareció en ese movimiento.

 

- No desperdicie el entusiasmo con el vidrio de una botella, existe mucha carne ardiente, que desea morir engullida de esa manera.

 

Una carcajada resonante, llamo la atención de la poca clientela del lugar. Mire al Bartender.

 

- Entendido Andrés – coloco una cerveza y un campari.

 

- ¿Eres de por acá? – pregunte.

 

- No solo ando de paso.

 

- ¿De qué huyes?

 

- De nada tal vez solo ando en busca.

 

- ¿Ah sí, búsqueda de qué?

 

- De lo que se presente – dijo jugando con sus dedos y mirándome, de manera escalofriante a los ojos.

 

Mientras la tarde agonizaba, todo bailaba bien, miradas al Bartender, cervezas micheladas, carcajadas, picardía, y el talento exquisito de chupar la sal del pico de la botella. Hasta que la chica hizo la pregunta que paralizo el entorno.

 

- ¿Te gustaría hacer el amor conmigo?

 

La cerveza se detuvo en mi garganta, me enterré en sus ojos, me queme en el deseo. Mientras encendía un cigarro, prepare mi respuesta.

 

- Ese detalle, es el único conflicto que he encontrado con el sexo; algunas personas, lo confunden,  y hasta lo enredan con el amor. Si tu propuesta es hacer el amor declino, hoy mismo logre amarme, pero si lo que quieres, es un acto sexual fuerte y sin culpa, no queda más que pagar la cuenta.

 

La chica se levanto de la barra, se acerco a mi oído y susurro con la voz del deseo.

 

- Te espero afuera.

 

Lancé una mirada al Bartender.

 

- La cuenta Andrés, en un segundo.

 

Pague la cuenta, deje una escaza propina y me fui por ella. Esperaba paciente, con aquel bello vestido amarillo enchapado a perfección en sus contornos.

 

- Pues galán, tu mandas. ¿Cuál es el destino?

 

- Caminaremos dos cuadras hasta mi departamento.

 

El camino se hizo largo, casi no hubo conversación, solo miradas indiscretas, viento, deseo y debo que confesar un poco de nerviosismo. Llegamos a mi departamento. Serví dos bebidas, nos sentamos en el sillón de la sala, justo cuando ella se hico entre mis piernas, saco mi pene y lo engullo con el mismo talento que engullía el pico de la botella de la cerveza michelada. Esta vez le lancé la mirada al espejo.

 

- Bien, pedazo de malparido, como extrañaba verte en estos momentos – dijo el reflejo del espejo.

 

Sonreí, mientras me relajaba en los placeres de la boca mas mamadora que haya encontrado jamás, engullo tanto, que mis bolas se hicieron pequeñas preparándose para una exquisita explosión eyaculatoria. Así fue que me levante la alce de sus nalgas, metí mi cara  en su escote, la lleve hasta mi cama, la tire en la cama, cuando le levantaba el vestido, para penetrarla con la mayor de la fuerzas, su manos me detuvieron.

 

- El trabajo completo cuesta 25 000 colones.

 

¡Oh mierda! Pensé impactado, debí de imaginarlo. Ese día se descubrió el más pollito del mundo, en el bar que empezaba a frecuentar.

 

- Cariño. He de confesar, que dicha cantidad de dinero no tengo, soy un pobre desempleado que apenas escribe para morirse de hambre, pero bien no me puedes dejar con esta erección, así que te propongo tomar lo que quedo en los bolsillos de mi pantalón, solo déjame 2000 colones para los cigarros de la semana, si te parece poco, te llevo de vuelta al bar como si nada hubiera pasado.

 

La Chica metió la mano en los bolsillos de mi pantalón sacando no más que 7000 colones, tiro 2000 en mi pecho y metió cinco mil a su bolso.

 

- Es una cantidad, muy por debajo de lo decente, pero te la acepto, ahora relájate que eres mío.

 

Cogimos largo rato, casi todo lo que quedaba de noche, mientras mi mirada se estrellaba en su cara de placer, mi memoria trataba de recordar si alguna vez en alguna borrachera, había pagado alguna puta, y la verdad es que no. Era mi primera vez que pagaba por sexo. Vi hacia el espejo y ahí estaba mi reflejo masturbándose con la escena como si fuera una película pornográfica. Luego llegaron los gritos, gemidos, fuerza, eyaculaciones y orgasmos. Al concluir, ella se vistió, tomo el trago que había servido, se lo bebió en un solo trago, me dio un beso en la frente y se despidió con la mano.

 

- ¿Quieres que te lleve a la parada de taxis? – ofrecí aun culpable por el precio.

 

- No nene, de sobra me quedo claro que eres un caballero – me tiro otro beso con la mano y se marcho.

 

Cuando escuche la puerta cerrarse y los pasos alejarse, mire el espejo y mi reflejo estaba dormido con los pantalones por las rodillas, sonreí nuevamente, me repuse en la cama tome el pantalón revise el bolsillo y ahí estaban los 2000 colones de los cigarros de la semana. Volqué el pantalón y saque la billetera, la abrí y ahí estaban los 450 000 colones que me habían dado de la ultima liquidación. 5000 colones, al menos me salió barato, la primera vez que por accidente pague una puta.

 

 

 

 

 

 

 

 

Crucigrama

Crucigramas

Esa tarde, caminaba presa de la derrota. El sol reflejaba mis lentes oscuros. Cada paso una pregunta. Las palabras se escapaban lejos, a lugares donde no podía alcanzarlas. Se convertía cada vez mas tedioso, el asalto de vida o muerte entre la página en blanco y este adicto a la derrota. Cargaba con la resaca de borracheras no concluidas, un aliento metálico a nicotina y una apariencia que desgarraba la voluntad. Estaba perdido en un punto de la ciudad, donde no encontraba en camino de retorno.

Con la mirada ausente, solo buscaba las respuestas, en el viento, en los autos, en el lado oscuro de una realidad. No encontrando una mierda. Me metí en la cafetería más concurridita de la ciudad. Aunque hubiera preferido quizá un putero, me deleite con un café. La salonera puso junto el café el periódico, como si la frustración no fuera suficiente peste.

- ¿Algo mas señor? – pregunto con la mas forzada de las sonrisas.

- No gracias. Dije quitándome los lentes. Abrí el periódico buscando el crucigrama, mientras la salonera  recogía algunas cosas de la mesa.

- ¡Que picha! Alguien se adelanto al crucigrama – refunfuñe.

- Disculpa, es mi entretenimiento en la hora del almuerzo – dijo la chica ahora con una sonrisa de soberano placer.

Correspondí la sonrisa mientras me imagina esa boca alrededor de mi pene.

- Descuida tienes sonrisa, de palabra coloquial y vulgar de ocho letras (mamadora)

- Bueno señor. Cualquier cosa estoy para servirte – volvió a sonreír mas relajada y se marcho.

Junto con la primera erección del día, estuve dispuesto a tomarle la palabra al pie de la letra. Pero no duro mucho para que las historias no escritas empezaran de nuevo hacer su escaramuza. Algunos piensan que escribir es una labor fácil, los invitaría a colocar palabras tras palabra y sentir que el fracaso es lo único seguro. Como no tener esa sensación, me he dedicado a vivir con la mayor cantidad de faltas de ortografía en cada decisión. Me tiene sin cuidado en que punto de la sensación utilizo el acento, lo que más se me parece a una tilde es la erección de mi pene durante la masturbación, eso sí es acento puro. Esta labor a veces parece un puto crucigrama.

La salonera volvió a la mesa, sirvió más café, me dio una hoja de periódico doblada.

- Es el crucigrama de ayer, no pude hacerlo, pensé que si te robe el de hoy, te puedes entretener con el de ayer.

- Todos cometemos ese vicio, entretenernos con el pasado.

- Debe ser, que las respuestas que hoy no nos sabemos, mañana la misma circunstancia no las da.

- ¿Entonces mis respuestas de hoy, las tienes vos?

- No todas, solo te ayudare con las fáciles.

- Vamos a ver. Veinticinco horizontal.  Fuerte inclinación de la voluntad hacia el conocimiento, consecución y disfrute de algo. Cinco letras.

- Deseo.

- Precisamente, deseo.

- Es fácil a veces sentir el deseo, solo basta con fijar la mirada en los ojos del que desea, se siente hasta el calor. Por esa facilidad de tus ojos fue que te ayude. Suerte, volveré en un rato a ver cómo te va.

Nunca nadie había elogiado mi mirada de esa manera. Siempre me reclaman que antes de ver los ojos miro los escotes. Seguí la tarea del crucigrama sin esforzarme mucho, necesita todas las de la ayuda esta tarde. Pasaba de pregunta a pregunta, respuesta a respuesta. Una pista por acá otra por allá, no tardo en volver.

- ¿Alguna fácil para mí? – pregunto la joven jugando con el lapicero y su boca.

- Si tengo una. Diecinueve vertical. Que mama fem.

- Mucho gusto, me llamo Priscila – dijo sonriendo -  Pero sospecho que esa pregunta la has inventado.

- Así es. Pero obtuve la respuesta que quería.

- Lastima, mi boca esta entregada a un solo pene.

En ese momento vi el brillo dorado de su anillo de matrimonio. Volví mi mirada a su cara chispeante, imaginando un kamasutra de gestos.

- Pues bien, hoy cuando tu marido te haga un masaje de glándulas con el virtuoso pene, yo estaré imaginando esa boca jugando con algo más que un lapicero.

Se sonrojo y se marcho. Durante el resto de la tarde no volvió más. Al pedir la cuenta la trajo el encargado. Me marche de ese lugar, volví a casa, escribí un buen cuento sobre crucigramas. Después de conocerle su boca juguetona, tengo la buena costumbre de tildar más las cosas.


La libertad suicida

El blues es un motor. En ese lugar, la niña piensa en ser, la escena naufraga de alguna película sin final feliz. La bocanada del cigarro, se suicida por la ventana. Espera arder en el frio. Siempre quiso ser una niña buena. Aun guarda sus primeros versos de amor. Sonríe mientras, le da un sorbo a su botella de vino barato. Su cara se enciende de recuerdos, algunos gratos, otros intrascendentes. “La vida es realmente corta” se dice mientras busca y busca una libertad, que nunca logra hallar. Se queda dormida en la batalla.

Al día siguiente despertó más temprano que de costumbre. La recibió el televisor encendido, con una película que hablaba sobre la muerte, mientras encendía un cigarro de desayuno, se puso a pensar en su realidad.

- Bueno – se decía a sí misma – ¿La muerte? ¿Dónde nos llevara? ¿Existe el alma? O tal vez, seamos como dice mi madre, “como los perros, que nos morimos y nos entierran” ¿Dónde acabaran mis ideas, pensamientos, imágenes, orgasmos, placeres…? ¡Vaya, la vida es realmente corta!

¿Por qué diablos, nos embarrialamos el camino? – sintió un frio recorrerle el cuerpo, y se aterro.

Miro hacia la ventana, pudo sentir la fuerza del viento en diciembre. Se levanto, se miro desnuda en el espejo. En ese justo momento, el matrimonio vecino iniciaba otra disputa a golpes, esos gritos, vaya que le alteraban los nervios, se dijo:

– la culpa de toda esta mierda, la tienen el estúpido encuentro que tuvimos esta ciudad y yo. Yo jamás la hubiera elegido, por fin entiendo porque todos se van para no volver –

Se baño como de costumbre, se vistió de oficina. Tuvo tiempo de: elegir sus aretes, hacer el café, fumar, y pensar en las tareas de la empresa. Pronto sobre la hora, tomo el bolso, antes de abrir la puerta sintió nuevamente la fuerza del viento en diciembre. Miro su cama destendida y pensó: “Sería bueno no ir a trabajar hoy” y luego otra vez: las deudas, compromisos, responsabilidades, bienestar y estabilidad…

Las vecinas la vieron salir como de costumbre, rumbo a su oficina. Cuando cruzo la calle del barrio, ella mismo se dio cuenta, que la libertad se volvió a suicidar, justo con la manilla de la puerta.

El día que conocí a un cantante con botas vaqueras.

El día que conocí a un cantante con botas vaqueras.

 

A Juan.

 

 

 

 

 

 

Durante un tiempo trabaje en algunos hoteles. Sirviendo tragos a una cantidad considerable de extranjeros. A pesar de que mis amigos decían, que era un trabajo con clase, la verdad ¡era un asco! La etiqueta forzada, ser la alfombra tercermundista de un montón de adinerados, soportar el hecho de no entender lo que intentaban decir en español (aunque algunos hablaban español). Realmente quería morirme. Al menos la paga era decente. Se lograba vivir bien con el hospedaje, desayuno, agua caliente, y a veces cena. Las habitaciones eran compartidas con otro compañero. Me toco vivir con Jairo. Un pobre chico, unos años menor que yo. A él, le costaba vivir conmigo. No soportaba el humo del tabaco, odiaba las tardes que tocaba  la guitarra, sentía difícil lidiar con mi lenguaje soez. Pero lo que más detestaba era mi xenofobia turística. Su sueño, cogerse una viuda adinerada, ya fuera gringa, europea o asiática, con dinero, y vivir mantenido el resto de su vida. Era un completo perdedor. Pero buena gente, me hacía reír sus sueños ilusos. Los ratos que coincidíamos en la habitación, tenía que mamarme sus historias: de actores y actrices de Hollywood paseando por el hotel, la crema y nata del rock and roll destruyendo habitaciones, hijas de los presidentes coqueteándole en el bar. Todas, historias, ilusas e inventadas. En mi caso nunca vi una celebridad, puede ser que casi ni las conocía, o no estaba al tanto de ellas.

Una noche caminaba cansado rumbo a mi habitación. Había sido un día extenuante, perturbador. Mas que todo, por un grupo de chicos mal olientes que se creían los Red Hot Chili Peppers. Solo deseaba llegar a mi habitación, quitarme este maldito disfraz de pingüino, abrir una cerveza, encender un cigarro, música suave, y lograr, no pensar en nada. Era una tarde perfecta, hasta que unos chiflidos, interrumpieron mi planeamiento.

- ¡ANDRES! ¡ANDRES! – gritaba Jairo. Lo espere, corría desesperado. Me alcanzo y dijo:

- Andrés ¿Su guitarra? ¿Puedo agarrar su guitarra?

- Pero usted no sabe tocar.

- No es para tocarla yo, es para un tipo que acaba de conocer en el bar. ¡ES FAMOSO! Te hable de ti, te quiere conocer, le dije que según creo, usted toca algunas de sus canciones, quieres que te lo presente.

- No, tengo mejores planes para la noche. Anda agarra la guitarra, cuidado le hace algo, o le arranco los huevos.

- Gracias Andrés, seguro lo llevare a la habitación.

- Preferiría que no, pero si insistes, lleva cervezas.

Aquel pobre chico corría, como si alguien lo esperara para darle un millón de dólares. Llegue a mi habitación. Me bañe, me quede en bóxer, fui por dos cervezas, me recosté en la cama, abrí una, encendí un cigarro, y al fin con Cash en la radio, me empecé a relajar. Observe el clavito donde siempre cuelgo mi guitarra, recordé a Jairo – si al menos se ligara un buen culo, ese pobre maricón – dije sonriéndome. Poco a poco me fui quedando dormido.

Me despertó el dulce sonido de mi guitarra. Sonaba muy bien. Ejecutaba una pieza clásica – buen estilo – dije. Me levante, camine a la sala. Buscaba con curiosidad aquel sonido, lo primero que vi fue el rostro de Jairo. Tenía una maldita cara de orgasmo. Su sonrisa era realmente patética. Al frente, un tipo alto, con solo verlo, lo reconocí y se me revolvió el estomago. Tenía botas vaqueras, pantalones vaqueros, una faja vaquera, pero no era vaquero. Era un  tipo, que ha tenido mucho éxito últimamente. Me ofendió la camiseta de Bob Dylan.

Aquel tipo al darse cuenta de mi presencia, respetuosamente, dejo de tocar MI guitarra, se puso de pie un poco impactado, al verme en bóxer.

- ¡Andrés! Gusto en conocerte – dijo, ofreciéndome su mano – Jairo me ha hablado mucho de ti.

- Bien – dije solo dándole mi mano.

Habían traído cervezas, solo por eso me senté con ellos. Hubo un extraño silencio. Jairo comenzó, su lavadera de huevos.

- Dice Don Ricardo, que está enamorado de Costa Rica.

- Mientras no se le ocurra venir a vivir aquí – dije mientras encendía un cigarro.

- Linda tu guitarra – dijo Ricardo, tenso aun por el comentario.

- Si, me gusta su sonido, a pesar, de que ya esta vieja.

- ¿Está en venta?

- Siendo yo, te la regalaría – dijo Jairo.

- ¡Jamás! – dije mientras quería asesinar a Jairo con la mirada.

- ¿Es un regalo de un ser querido? – pregunto Ricardo.

- No, simplemente no la vendo. No todo en esta vida, se puede comprar. Ese es el problema de los exitosos vendidos, después creen que todo se vende, como sus carreras.

- Todo tiene su precio.

- ¡No está en venta! – levante la voz.

- Don Ricardo, Andrés toca bien la guitarra – dijo Jairo, con un tono adulador, bajando un poco la tensión.

- ¿De verdad? – dijo Ricardo ofreciéndome la guitarra a manera de reto.

Tome la guitarra. La sentí contaminada, olía a perfume caro. La descanse en mi muslo y seguí tomando cerveza.

- Toca algo conocido – sugirió Ricardo.

- ¿Has escuchado “D +”?

- No, en realidad, no. ¿Tienen éxitos en la radio?

- No, pero si mucho más calidad que muchos que si suenan en la radio – lo mire a los ojos.

- Bueno, ¿Algo de Dylan?

- Me gusta Dylan, pero no para andarlo en una camiseta.

- ¿Algo mío?

- Señor lo siento – perdí el control, no podía soportarlo más – NO ME GUSTA USTED, NI SU MUSICA, realmente creo que todo usted es un asco.

- Bueno Jairo – dijo Ricardo poniéndose de pie – tengo que descansar, mañana me presento en el estadio nacional.

- Lo sé, Don Ricardo y disculpa a Andrés, está un poco tenso por el trabajo.

Ricardo se puso de pie, volvió a ofrecerme la mano, estaba asustado. Le correspondí la despedida.

- Bueno chicos, realmente ha sido un placer. Jairo te dejare dos pases para el concierto de mañana en recepción.

- Ahí estaré Don Ricardo – dijo Jairo, en un orgasmo emocional, a punto de llorar, como chiquilla adolecente.

- ¿Don Ricardo te tomarías unas fotografías conmigo?

- Claro Jairo.

Me levante, tome las cervezas que ellos habían traído y volví a mi habitación. Colgué la guitarra en el clavito de la pared. Me recosté, me encendí otro cigarro, abrí una de esas cervezas que salieron gratis – no te lo volveré a hacer – le dije, con culpa a mi guitarra.

- La próxima, tendrías la molestia de ser un poco más amable – dijo Jairo ingresando a la habitación bastante molesto.

Sonreí, apague la luz, mientras escuchaba los sermones de un chico bastante molesto por la cruda sinceridad de un músico al borde del fracaso. Me dormí casi de inmediato. Jairo seguía sermoneando.

Ricardo el otro día lleno el estadio nacional, Jairo estuvo allí. Aquel guatemalteco, siguió vendiendo millones de discos.  Yo seguí sirviendo tragos, dejando el “hobbie” de la guitarra, cada día mas olvidado. Al tiempo deje los hoteles. Volví a mis raíces de atender borrachos nada famosos, tener el privilegio de limpiar sus vómitos.

Me contaron, que Jairo puso una pulpería en su pueblo natal – sería bueno ir a comprarle cigarrillos – pensé alguna vez.

Ese pobre chico sigue imaginando que, las celebridades pasan por su  establecimiento y le compran sardinas, papel higiénico, peines y café. Tiene la foto que se tomo con Ricardo en el Facebook y la caja registradora. No falta el día que le cuente a alguna ama de casa, aquella noche que conoció a Arjona y este le dio pases para un concierto en el estadio nacional.


Un viejo gordo que decía ser santa

Un viejo gordo que decía ser santa     

Me senté con temor a escribir aquella noche. Algo presentía. Mi mente buscaba alguna razón, no hallaba una mierda. Después de varios papeles arrugados por toda la mesa de escribir, adornando la tétrica imagen de la inseguridad, el fracaso y el terror. Descanse de la mala costumbre de forzar las palabras – la inspiración, es algo que no terminare de entender -  pensé, mientras me recostaba y encendía un cigarro. Me quede dormido, hasta entrada la madrugada. Al despertar volví a  la mesa, y otra vez lo mismo, medio párrafo, la hoja arrancada, arrugada, haciendo bulto con las demás. Empecé a sentir rabia. Deje caer la cabeza sobre las hojas en blanco. Justo en ese momento. Algo entro por la ventana, quebrado el vidrio, haciendo un soberano estruendo

– ¡QUE ES ESTA MIERDA! – grite.

La cabeza de un venado entro rodando a mi habitación, pringaba de sangre la sabana de mi cama. Rodo por el piso y se detuvo justo en mi pie. Le di una patadita, mientras pensaba en el estúpido, capaz de semejante bromita. No salía de la impresión, cuando, un viejo gordo, con una tupida barba blanca, ojos y mirada simpática, ingresaba con miles costos por la ventana. Venia en bóxer, unas enormes botas negras, una camiseta blanca con vomito fresco y un abrigo rojo desabrochado. Estaba completamente borracho, las manos empapadas de sangre. Maldecía el esfuerzo, de pasar como 300 kilos por la ventanita. Se detuvo justo al frente mío, tomo aire en su barrigota y grito.

- ¡JO JO JO FELIZ NAVIDAD!

- Que navidad, ni que ni mierda, viejo loco estamos en octubre.

Aun agitado y un poco desorientado, se sentó en mi cama tomando aire nuevamente. Quiso gritar de nuevo, cuando miro la cabeza del venado.

- Viste Rodolfo, eso te iba a pasar si no te dejabas coger. Chico – dijo dirigiéndose a mí con esfuerzo – ¿Tiene leche y galletitas para el bajonazo?

- Mae no. Veré que encuentro.

Estaba realmente asustado. Fui al refrigerador a ver que tenia para darle. Pensé que era un mendigo loco, que se creía santa. Solo encontré cerveza, lleve dos, le destape una y se la di.

- Magnifico, esto es mejor que la leche y las galletitas.

Le dio un fuerte trago, eructo y se volvió a vomitar encima. Se cago de risa. Me miraba con cierta paternidad que me aterraba.

- ¿Así que quieres ser escritor?

- Al menos se intenta. Y vos ¿pretendes ser santa?

- Yo soy santa.

- Déjate de mierdas viejo playo, además si eres santa ¿Cómo que se le perdió la época, no?

- Es que ahora con tanta fecha por celebrar ahí que empezar desde antes con esto de publicidad engañosa. – Le dio otro trago a la cerveza, volvió a eructar.

- Vea gordo feo, no me vengas con que eres santa. Por el amor al cielo, en este país, nos hicieron hacerle mas caso al niño que a vos. Así que no me trago esa historia. Así es, que me dice quien eres, o lo hago sacado por la ventana a punta de caite.

- ¡No me lastime! – dijo levantándose de la cama asustado -  de verdad soy santa. Este venadito era Rodolfo.

- Entonces enséñame un enano.

- ¿Un enano?

- Si.

En ese momento se bajo el bóxer dejando a la vista su  pene. Diablos era más pequeñito que el mío.

- Mae, no ese tipo de enano, sino de esos que te fabrican los regalos, en el polo norte o sur – dije riéndome (no podía evitarlo)

- ¡Ah! No son enanos, son duendes. Además ya no utilizo duendes. Ahora encontré mano de obra más esclavizada y barata. Los juguetitos ahora los fabrican: chinitos, japonesitos, latinitos, inditos coreanitos… ¿entiendes? Hay que globalizarse.

- Bueno, supongamos que eres santa – dije, sintiendo que me estaba convenciendo – ¿Qué hace santa en mi habitación?

- Leí tu carta. Y aunque no eres un lindo angelito, quiero concederte tu deseo.

- ¿Mi carta? Nunca le he escrito una carta a santa.

- Claro que si aquí la tengo.

De su bota negra saco una hoja arrugada.

– te la voy a leer.

Aclaro la vos y leyó.

- “Querido Santa, quiero decirte en esta carta, que soy un niño que descubrió lo que quiero ser cuando crezca. Estoy aprendiendo a escribir, curso el segundo grado de la escuela, en los dictados siempre saco cien. Así fue que pensé que para diciembre, solo me gustaría pedirte, que olvides la bicicleta, el nintendo y el televisor a colores. Te pido con todo el corazón que me des el “don” de ser escritor. Ser el mejor escritor del mundo, hacer que mis historias de: magos, vampiros, y adolecentes. Vendan millones de libros y hacerme muy millonario. Ver como mis cuentos, llegan al cine, y que todos mis compañeritos de la escuela les gustara ser como mis personajes. Te cuento que empecé a escribir algo, no sé cómo ponerle, puede ser: peñasco, atardecer, anochecer, entre luces, ocaso… creo que con el “don” de escritor ganaría millones. Quiero comprarle una casa a mi mamá, con toda la plata que me den por las películas de mis libros, pero necesito de ese “don”. Dejare sobre la mesa, galletitas y leche. Espero que no te cueste mucho dejar el “don” debajo del arbolito que decoro papá. Santa, se despide con mucho cariño… Paulo C*.

Mierda. Después de escuchar semejante carta… no puedo aun creer en santa. Mi madre desde chamaco, me inculco pedirle las cosas al niño. Aunque a muy temprana edad, nunca vi un niño dejando regalos en mi casa, sino a mi tata comprando las varas, justo después de las cogidas de café. Después, nunca he escrito una carta, menos de niño. Pero ese tipo desorientado y visco me daba pena. Así que decidí acabar esta comedia de una vez.

- Lo siento señor, sea quien usted sea. Ese chico no soy yo.

- ¿No? – dijo el viejo sorprendido.

- No de verdad – le dije acercándome y poniendo una mano sobre su hombro – primero que no me llamo Paulo C*, además que no me hubiera gustado, haberme hecho escritor a base de un “don” pedido a santa por cartas.

- Pues es extraño – el viejo se torno melancólico – creo que me equivoque. ¿Quieres el “don” de todos modos?

- No, gordo, santa o quien seas. Prefiero creer más en el aprendizaje, que en los dones recibidos. Mejor anda, busca a Paulo C*, el debe de estar esperando el “don” con ansias, su madre debe de vivir en una pocilga.

Ese viejo sonrió y se marcho. Con la misma dificultad con la que ingreso por la ventanita del cuarto, salió. Me asome, para asegurarme que no venía en trineo, pero no. Lo que vi, fue el tronco de un venado muerto, y a aquel gordo montándose en una motocicleta Vespa. Acelero lento, gritaba su patético JO JO JO FELIZ NAVIDAD, la condenada moto se mecía de un lado a otro en la carretera. Sonreí.

Luego me dedique a limpiar su vomito, cambie las sabanas de mi cama, junte la cabeza del venado, le envolví en una de las sabanas sucias y la tire por la ventana. Al rato en la madrugada vi un grupo de mendigos llevarse el venado y planear la parrillada de varias noches. Luego, otra vez estaba en mi mesa de escribir, otra vez un constate pleito con las historias. Otra vez un montón de hojas arrugadas, la depresión, la desidia – me hubiera dejado el “don” algunas noches – pensé, mientras me acostaba derrotado por la literatura.

Al tiempo, por mediados de enero. Salí por algo que desayunar. En la soda, junto a la taza de café colocaron el periódico. No soy de leer periódicos. Solo me gusta ojearlos cuando estoy cagando. Ese día al no llevar un libro conmigo, no me toco más, que ojear el periódico aunque no estuviera cagando. Abrí el suplemento cultural y aquel titulo inmenso me encandilo…

PAULO C*: ESCRIBIR PARA MI ES UN DON…millones de libros vendidos.

- Mierda.

Viendo como las personas normales

Viendo como las personas normales.

Mi amiga y yo caminábamos aquella noche. El cielo estaba claro por la luna, las nubes brillaban, yo las miraba con curiosidad. Cuando le dije a mi amiga.

- Mira esas nubes. Parecen una pareja cogiendo; y el mae se la está metiendo a la nena por el culo.

- ¡POR DIOS DIEGO! La gente normal ve vaquitas y ovejitas y usted ve gente cogiendo. ¿Por qué no logras ver las cosas, como las personas normales?

Ha pasado algún tiempo después de aquella pregunta. Nunca hubo respuesta. Todas las madrugadas las pasaba despierto. Preguntándome ¿Cómo diablos verán las personas normales? La duda no me dejaba en paz. Cuando camino por la ciudad, y miro a la gente, me pongo a pensar. ¿Qué verán esas personas? Cuando un ave vuela, tranquilizándome la zozobra. ¿Se tranquilizaran también? Cuando veo a las mujeres con morbo. ¿Qué tipo de morbo manejaran los hombres normales? ¿Cómo me verán las chicas normales? Noche tras noche, cuando no podía dormir, me repetía las mismas preguntas. Salía al patio de mi apartamento a fumarme un cigarro. Miraba las nubes claras en el cielo, mirando siempre lo mismo, parejas cogiendo, siempre el mae se la mete por el culo a la nena. Si mi amiga, ve en esas nubes, ovejitas y vaquitas. ¿Qué pasara el día que coja con su novio, y este se la meta por el culo, y tengan un espejo al frente. Será posible que vea en el espejo, una ovejita metiéndosela en el culo a una vaquita?

Eran las 4 de la madrugada, y la estúpida inquietud no me dejaba dormir. Así fue que me decidí. Me levante sigiloso, me bebí una cerveza. Me vestí completamente de negro, tome el pasamontañas que guardaba desde hace tiempo y salí a caminar varias cuadras hasta toparme con aquella casa. Me puse el pasamontañas. Me brinque la verja, intentando hacer el mínimo de ruido. El gato se asusto y corrió en silencio. Llegue a la ventana de su habitación, como siempre estaba abierta, eso ya lo sabía. Entre despacio, calcule todos mis movimientos. Me detuve frente a su cama. Allí estaba mi amiga dormida. Le toque el hombro para que se despertara. Se sobresalto, en ese momento mi mano le tapo su boca y nariz, no dejándola respirar, le di un fuerte golpe con mi puño para dejarla inconsciente.  Tome la cuchilla que cargaba en mí bolsa de atrás. Despacio y con cuidado, le saque los ojos. Los metí en la bolsa de mi pantalón. La deje acostada en una poza de sangre y me fui de ese lugar, el gato maulló cuando empecé a correr. En instantes estaba en mi apartamento. Saque los ojos de mi bolsillo, los deposite en un vaso con agua. Los miraba con una leve sonrisa – no tiene los ojos tan peor – me dije. Puse música suave, fume, escribí dos poemas de amor, me recosté para quedarme dormido.

Tarde varios días tomando valor, para seguir mi plan. Esas noches miraba, los ojos de mi amiga flotar en el vaso con cierta felicidad. Era un espectáculo divertido. Después salía a buscar nubes en el cielo. Ahí estaban, bellas siluetas femeninas haciendo sexo oral, parejas cogiendo, hombres con el pene en su mano, mujeres abiertas.

Caminaba una tarde por el centro de la ciudad. Un señor se acercaba por la misma acera con su hijita de unos 5 años. Justo cuando pasaban a mi lado la tierna niñita dijo:

- ¡MIRA PAPI, MIRA! Esa nube es un caballito trotando.

Mis ojos se inclinaron inmediatamente hacia la nube. Era la silueta de una mujer con las tetas inmensas. Mire a la niñita con mucha impresión justo cuando el padre le respondía.

- ¡Y AQUELLA! Bebe es un inmenso helado de chocolate.

En esa nube, yo mire un pene expulsando semen. No pude soportarlo. Corrí hasta mi apartamento más que decidido. Tome el vaso con agua donde descansaban los ojos de mi amiga, me marche al lavatorio del baño, con la misma cuchilla de la noche anterior. Coloque un espejo que me guiara, y me di la tarea de sacarme mi ojo derecho. La sangre escurría como lagrimas, luego eran torrentes que bajaban por mis muñecas. Eso me asustaba, pero la realidad era que no dolía tanto como lo imaginaba. En el orificio de mi ojo derecho, coloque el ojo izquierdo de mi amiga. Más que todo para tener una guía para poder sacarme el otro. Durante ese proceso, empecé a verlo todo raro. La imagen de mi cara se partió en dos. Del lado donde aun estaba mi ojo, mi cara era bella, realmente bella. De lado donde coloque el ojo de mi amiga, el rostro se volvió extraño, monstruoso, perverso. Me distraje por un momento viendo los dos matices de mi rostro. Al rato, y más pausado decidí seguir con mi objetivo. Me saque el otro ojo y me puse el de mi amiga. Guarde mis ojos en el mismo vaso con agua. Me mire en el espejo. Casi muero de la impresión. No era bello. No era el mismo tipo, con cara de buena gente que siempre miraba en el espejo, al levantarme. Era un adefesio horrible, sediento de violación, con la mirada perdida, triste y opaca. Me quede mirándome largo rato en el espejo, vi como una lagrima triste resbalo del ojo de mi amiga, como pidiéndome perdón. El horror, me puso melancólico. Así que mejor me acosté a dormir.

A la mañana siguiente desperté más tranquilo. Aunque observaba todo con un color triste, como gris. Las imágenes eran realmente desalentadoras. La textura  de mis desayuno, era pasca y sin sabor, sabia a como se veía. Todo era tan extraño, pero controle el terror – todo es parte del proceso – me dije tranquilizándome. Salir a ver nubes, con forma de caballitos, vaquitas y ovejitas, me motive. A pesar que el día estaba oscuro y feo. Salí a caminar, busque nubes en el cielo, ¡Y EN EFECTO! Tenían forma de vaquitas, ovejitas y muchas figuras bellísimas y tiernas. Pero cuando bajaba la mirada, el entorno era algo crudo, como parecido a la realidad. La ciudad parecía que quería salir corriendo, había relojes por todas partes, las computadoras tenían figuras humanas. No habían niños jugando, no habían ancianos platicando, no habían sonrisas. Solo millones de carros, pitando y acelerando. Tenía que hacer un esfuerzo muy grande a mi voluntad, para alzar la mirada, ver las nubes y sentir la paz.

Ese paseo fue tenebroso. A los mendigos los mire como estorbos mal olientes, que me impedían estar tranquilo. Sentía en mi piel el dolor de todas las personas, corriendo a sus oficinas, mis nuevos ojos lloraron y no me di cuenta. Nadie tenía compasión por nadie, todo el ambiente era frio y sin color. La realidad no era la misma que había visto con mis propios ojos.

Dos hombres se daban un apasionado beso, sentí tanto asco, que no pude tolerarlo, los golpee hasta dejarlos tirados en el suelo, en una poza con su propia sangre. No toleraba a nadie, ni a los homosexuales, prostitutas, policías, vendedores, mendigos, ni a la propia ciudad. La decisión de las personas me repugnaba, la imagen del suburbio era una mierda, solo el cielo me disponía de lindas nubecitas con formas de helados de chocolate, ositos y perritos. Volví a sentir miedo. Me senté temblando en el suelo, cuando de nuevo paso, aquel señor, con la tierna de su hijita. Esta vez la niñita le decía al padre:

- ¡MIRA PAPI MIRA! Esa nube parece una pareja cogiendo.

Mire la nube. Era un enorme helado de chocolate. El padre dijo:

- ¡Y AQUELLA AMOR! Es una puta, la cual anoche se la metí por la boca.

Justo en ese momento, me sentí enloquecer. Volví a correr hasta a mi habitación, solo quería encontrar el vaso con  agua y mis ojos. Quería que aquello fuera una pesadilla, pero no,  era la cruda realidad, por el afán de ver las cosas como una persona normal. Llegue a mi habitación, tome el vaso con mis ojos, me apresure a llegar al lavatorio del baño, y aun estaba ahí la cuchilla empapada de sangre. Mire de nuevo el espejo, yo seguía siendo un monstruo, con el rostro desfigurado. Aquel que conocí cuando me cambie de ojos. Con violencia, con mucha violencia, comencé a cercenar mi ojo izquierdo, de nuevo la sangre corría a borbollones por mis brazos, estaba desesperado por salir de aquella pesadilla. Me coloque mi propio ojo, de nuevo la imagen de mi rostro se partió en dos, la mitad de la cara de mi ojo izquierdo era bella, muy bella.

No quise entretenerme con ese asunto del espejo. Así que apresure la labor de devolverme mis ojos. Después de cortar y sangrar descanse. Mire al espejo y era nuevamente yo, el chico buena gente que siempre saludaba al despertarme. El mismo que ama vivir, reír y tolerar. Fui por unas cervezas que tenía en la refri, me tome tres o cuatro mientras escribía poemas de amor. Cada cierto tiempo volvía al espejo, celebrando con una sonrisa, mi rostro bello y humano. Los ojos de mi amiga estaban en el fondo del lavatorio.

Salí de nuevo a caminar por la ciudad, todo de nuevo tenía color. Le di de comer al mendigo, ya no tenía mal olor, olía a vida. Celebre que dos hombres, se dieran un beso rompiendo los absurdos esquemas de lo que le llaman sociedad, respetaba las decisiones, hasta de las personas que no me caían bien, me sentía realmente feliz. Volví a casa pues recordé que deje los ojos de mi amiga en el fondo del lavatorio. Los recogí y los metí en la bolsa de mi pantalón. Salí al patio a fumar, vi las nubes brillantes por la luna. Ahí estaban aquellas mismas figuras de gente cogiendo, penes, vaginas, siluetas desnudas. Sentí compasión por mi amiga, pensé en vestirme de negro y devolverle los ojos. Pero después de todo lo que vi, es mejor que ella no vuelva a ver.

 

 

 

 

 

 

La novia del Principito

La novia del Principito

 

La conocí un día, que cansado de las mismas cantinas de siempre, decidí buscar la superficialidad de esas discos de luces locas y música estridente. De las niñas con sus piernas de subasta. De la prostitución a manera de apariencia y cerveza. De las jóvenes hormonas que no dejan más que culpabilidad a mis juventudes ya pasadas. Pensé no hallar nada con sentido. Con miles costos logre encontrar una silla en la barra, pedí una cerveza, estaba realmente asustado, ese tipo de ambiente no es el que realmente me aliente a disfrutar de las cervezas. Pronto descubrí que justo al lado de mi banco, estaba una chica que reflejaba mi mismo sentimiento, con la diferencia que ella si podía simular que le agradaba la situación. Era muy bella, la mire con cierta timidez. Con un gesto trate de invitarla a una cerveza, pero también con un gesto me la rechazo. El Bartender la puso igual…

 

 ………………………………..

 

 

 

 

Laura es el tipo de mujer, que odia que la inviten en los bares. Intenta saberlo todo de la vida, aunque muchas veces fracasa en su ensayo. Para ella un tipo que no conoce, le ofrezca una cerveza, en vez de un halago, lo ve como un intento estúpido de un pene, que quiere llevarla a la cama. Es realmente una mujer diferente; ni sus amigas la logran entender. Eso no quiere decir, que no se entregue a los placeres de la carne, pero siempre y cuando con su corazón intacto. Los que se han enamorado de ella no han entendido, que disfruta más, comer una naranja trepada en un árbol, que una rosa con la trillada maldita caja de chocolates. A sus 22 años no sabía aun, que era eso que le brincaba en el pecho. “sangre y venas” le decía a todos aquellos que hincados le confesaban su amor, según ellos, con el corazón en la mano. Eso no era más que sarcasmos,  para sus criterios del amor.

Sabía con quien coger, como coger, y cuando coger. Tenía la mayor de la elegancia para vestirse y marchar. La seducción siempre salía triunfante, con su placer satisfecho y la conciencia tranquila. Sobre la cama siempre quedaba un cadáver, llorando de amor, luchando contra lo imposible.

- ¿Si gustas quedamos como amigos? Pero no me vengas con esas mierdas de los sentimientos. No estamos para esos juegos. Amor por mi solo mi perro que me mueve el rabo cuando realmente me extraña. – les decía a todos aquellos pobres desesperados.

Esos tipos no era realmente lo que necesitaba, ni tan siquiera sus seres allegados era indispensables. Su vida era una búsqueda constante a las respuestas de su supervivencia. Es una niña realmente espectacular, bella y peligrosa.

Una tarde caminaba por la universidad. Distraída miraba como las aves avisaban la llegada de la lluvia, le encantaba ver las luminarias de los relámpagos, así fue cuando tropezó con Marco.

Marco en cambio traía su mirada clavada en un libro de Benedetti. Era un tipo escuálido, bien parecido, algo descuidado con su apariencia personal, el pelo desdeñado y dos grandes argollas en sus orejas.

-¡Diay imbécil fíjese! – dijo Laura, enfadada más que todo porque le interrumpieron el paisaje, que por el golpe.

- Discúlpeme señorita – dijo aquel tipo cagado de risa.

- De feria te causa gracia – contestó Laura mientras se ponía de pie.

- Si me vas a morder te vuelvo a tirar al suelo.

- ¡Oh estúpido! Que se cree.

- No de verdad discúlpame. Mucho gusto me llamo Marco.

- A mí que me importa animal.

Laura siguió su camino con el enfado intacto, Marco la persiguió disculpándose una y otra vez. Mientras Laura aceleraba el paso, para alejarse de aquel tipo, este comenzó a declamar.

- No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo…

Laura se detuvo. Lo miro aun con más desprecio.

- No puedo soportar que una piltrafa de hombre como vos, desvalorice al grande de Benedetti, así que o te cayas o te estampo esas palabras en los dientes.

- ¿Quieres un café?

- No

Marco siguió persiguiéndola, ella acelero mas el paso. Ya habían salido dos cuadras de la universidad. Ella supo que aquel tipo no desistiría en la idea de perseguirla así que se detuvo y dijo.

- Bueno, te disculpo. Ahora ¿Serias tan amable de dejarme en paz?

- No si antes me aceptes un café.

- No, para mi es mala costumbre perder el tiempo.

- Anda solo un café. Si al final del café me sigues odiando te juro que te dejare en paz.

- Ok. – dijo Laura deteniéndose.

Marco sonrió. Fueron a la soda, que queda a un lado del parque. Pidieron dos café con leche. Marco además ordeno: dos empanadas de papa, un sándwich de jamón y queso, un enyucado, una enchilada. Le ofreció algo de comer a Laura. Ella lo rechazo.

- ¿Que droga te metes?, que comiendo así tengas como cuerpo ese saco de huesos, feo y maloliente.

- Ninguna, debe ser que como así porque estoy en crecimiento.

- Crecimiento, lo único que te falta por crecer es el cerebro.

- ¿Siempre eres así de amargada?

- Que te importa. Ya termino el café y de comer. Sabes te sigo odiando, ¿Podrías ahora si dejarme en paz?

- No. Sabes eres atractiva, me gustaría verte algún día feliz, a ver si solo amargada te vez linda.

- Vea mae. No me venga con esas cursilerías que no las soporto. No soporto la gente, que pasa leyendo poesía, solo para ver como consiguen esos amores eternos de telenovelas, además eres tan feo que ni la antología de Bécquer te haría atractivo.

- No amiga no. Tampoco creo en el amor. Amor me da mi gato, mi madre o mi hija. Lo único que tengo ganas es de cogerte pero nunca de enamorarme de una chica tan amarga como vos. Pero de que eres linda, eres linda.

Algo de esas palabras había aminado  la dureza de Laura. No vio al típico tipo bien vestido de los bares de sábado.

- ¿Qué estudias?

- Ah. Ahora la chica que me odia se preocupa por lo que estudio.

- Vete a la mierda.

- Estudio Filología. De niño quería ser astronauta.

- Lastima, te hubieras desaparecido en el espacio.

- No quiero darle ese gusto, a las niñas molestas como vos.

- ¿De verdad te gustaría cogerme?

- Con todas las ganas.

Un silencio se apodero de aquel espacio. Marco pidió la cuenta, salieron de la soda.

- Bueno amiga, fue un placer, según veo que me sigues odiando, así que me daré a la tarea de olvidarte, eso no me tardara más de dos minutos.  Así que sin más, cuídate, y se un poco más feliz – Marco se preparo a partir, Laura lo interrumpió.

- Si pones el lugar accedo.

- ¿Accedes?

- Si accedo.

- Ah… ¿Si de verdad? – A marco se le noto cierta emoción.

- Si.

- Pues Vamos.

Marco detuvo un taxi. Laura había tenido encuentros furtivos, pero nunca tan fugaces. Sentía un poco de culpabilidad en la conciencia, pero los ignoro. No le gustaba que ni la juzgara su propia razón. Llegaron al apartamento de aquel chico. Entraron, las manos temblorosas de Marco buscaron algún disco que poner. Laura se sentó tímida sobre la cama, Marco se sentó al lado, no sabían cómo empezar, quien daría el primer paso, nada. Laura se acostó en la cama esperando, la iniciativa de Marco pero este, en lugar de besarla o desnudarla se acostó igual. Se quedaron mirando el fluorescente, los dos sin saber qué hacer, no se miraban, no se tocaban, no nada.

- Sabes – dijo Marco – A veces me pregunto, porque la oportunidad de tener sexo llega tan a destiempo sin avisar, si hubiera sabido que tendría la oportunidad de cogerte hoy mismo, no me hubiera masturbado en la mañana.

- Yo cojo, solo cuando tengo ganas.

- ¿Y ahora tienes ganas?

- La verdad no. Pero, me pareció elegante cuando dijo que tenías ganas de cogerme.

- Sabes tengo ganas de cogerte pero en este momento se me apetece más un puro de marihuana.

- ¿Tienes?

- Claro. ¿Quieres?

- La pregunta es necia estúpido. ¡Saque esa galeta!

Marco, fue por la hierba, la pipa, y el encendedor. Fumaron largo rato. Se rieron, hubo hambre, mandaron a pedir hamburguesas por exprés, hablaron de arte, vida, filosofía, música, cine. Luego, al rato y en la misma posición de antes Laura se quedo dormida. Despertó con el susto de la hora, reviso que eran las 2 de la madrugada, pensó en el castigo de sus padres. Se levanto y noto, que Marco yacía en un escritorio escribiendo.

- ¿Por qué me dejaste dormir tanto?

- Te vez bella cuando duermes, además de tranquila. Sin peligro a morder.

- No sea imbécil llámame un taxi.

Marco llamo un taxi, Laura recogió su bolso y se marcho. Cuando llego a casa sus padres dormían, nunca se dieron cuenta de la hora de su llegada, Laura se marcho para su habitación, reviso su bolso y descubrió una nota que decía.

“Si pudiera mañana mismo, buscaría todas las aves que vuelen en el cielo antes de llover, las pondría en tu mirada, junto a esas nubes que relampaguean y tanto te gusta”

Laura sintió que el pecho se le estrujo, se detuvo frente al espejo, se masturbo. Luego olvido todo tipo de sentimiento que quisiera acapararla, durmió mal, se levanto de mal humor y se marcho hacia la universidad.

De camino, ella nunca entendía por qué la imagen de aquel tipo no la dejaba en paz. Recordaba su mirada, sus inexistentes modales para comer, el pelo, el libro de Benedetti. Cuando se daba cuenta que mientras pensaba todas esas cosas, una sonrisa se le dibujaba en el rostro. En ese mismo instante la borraba y se cercioraba que no hubiera nadie mirándola. Le daba vergüenza.

- Laura eres una chica inteligente, diferente a todas esas babosas, no te dejes embobar por una sonrisa bonita – se decía mientras caminaba.

Durante la mañana todo transcurrió normal. En el almuerzo, su mirada lo busco en algún lugar aunque su conciencia la castigaba. No lo vio en ninguna parte. Se fumo un cigarro después de almuerzo, tenía que hacer algunos deberes en la biblioteca. Su mente le recordaba aquel chico a cada instante. Eso realmente la enfadaba. La tarde se puso nuevamente nublada, caminaba rumbo a su hogar cuando mirando de nuevo las aves que siempre salen antes de la lluvia con las negras, relampagueando como a ella le gusta.

- Vez; todo el día sin verlo. Es otro más de los no necesitados, ahora sí que; mente supérelo – dijo hablando sola.

De pronto. Dentro de un basurero salió Marco

- Trate de no botarte, el cielo sigue oscuro, hay aves y no te vez con ganas de morderme. Este encuentro esta mejor

- ¡Estas loco! que haces ahí metido.

- Ahí estoy a salvo.

- ¿A salvo de qué?

- A salvo de no tirarte, y no cagarme en su día, y después terminar pijiado, escribiendo en mi habitación, mirando como sale una nena que no me pude coger.

- No me cogiste porque no tienes con que. Déjame en paz.

- No, eso no. Sabes, pensé en invitarte de nuevo a un café, pero creo que sería mejor invitarla a fumar, veo que los disfrutas más.

- ¿Tienes?

Marco enseño el pucho. Caminaron de nuevo por la ciudad, empezó a llover, se mojaban, jugaban con empujarse en los chorros de agua en las canoas, reían, todo estaba bien. Llegaron al apartamento, ambos estaban destilando, Marco se metió al baño se cambio la ropa, salió le dio un paño a Laura. Esta se metió al baño, al salir solo traía el paño tapándola, Marco casi se desmaya, radiaba felicidad, se le acerco la miro, la beso. El paño cayó al suelo, los besos las caricias eran una mezcla de dulzura, y desenfreno. Entre gemidos, olores y sabores, Laura sintió algo que no había sentido en otros encuentros. Después de su orgasmo pronunciado, se quedo acostada en la cama sintiendo uno a uno cada olor, cada instante No tuvo voluntad de vestirse y marchar, solo miraba la espalda desnuda de Marco que se había quedado dormido. Hacia mapas con sus dedos, mientras se preguntaba que tenía ese atorrante, que le desvalorizo con sinceridad todas sus ideologías.

Se levanto, fue hasta el desordenado escritorio de la habitación, había un bloc de hojas con algunos escritos. Cuando se disponía a leerlos escucho una voz.

- No se le ocurra leerlos.

- ¿No estabas dormidos?

- Jamás, sentir tus dedos en la espalda es algo realmente relajante.

Sin decir palabra alguna Laura se metió al baño, se vistió con la ropa que aun estaba húmeda, salió vestida, se dirigió a la puerta antes de salir se volvió a ver a Marco.

- Sabes bien que no volverá a pasar.

- ¿No íbamos a fumar?

- No volverá a pasar, no me busque, en la universidad, no me hables.

Laura salió. Marco conto hasta 23. Laura ingreso salvajemente, le salto encima, se desnudo en un instante, lo lanzo boca arriba en la cama y con la peor de las salvajadas, lo empezó a coger. Fue un encuentro salvaje, rigió el placer, el orgasmo de la niña fue una explosión. Dejo tendido esta vez a un cadáver asustado de la intensidad. Laura nuevamente se vistió con elegancia, se marcho. Es así como a ella le gusta terminar un coito. Marco se repuso, se tomo con dolor el pene, se baño, y luego se dispuso a escribir.

Marco no era el musculito de los sábados, era una sinceridad caminante, no tenia ego, no tenia auto, era natural. Era ese tipo de personas que ella creía que no existían. Esto realmente la aterraba. Se dio a la tarea de olvidarlo. Un sábado salió por unas cervezas al lugar donde nunca un escritor la buscaría nunca. Se sentó en la barra, de música fuerte y nenas superficiales. De musculitos con autos caros y perfumes asfixiantes. Fue esa noche el día que conocí a Laura, el día que intente invitarla una cerveza y me la rechazo. Acerque mi cara a su oído y dije

- Te vez tan amargada como si algo, hubieras perdido.

- No para nada. Así soy feliz.

Me conto parte de su vida, lo que no vemos, lo que no conocemos. Esa misma noche decidí sentarme en la computadora y escribirle esta historia. Si la historia es real o no. Eso  no importa. Lo que realmente importa es, que si en alguna disco de sábado te topas con una chica que te niega una cerveza, cómprala en la barra y dile al Bartender que le comunique que se la envía Andrés su amigo El Escritor, este mismo que le escribió esta historia, que la dibujo desde su esencia, que se peleo con las oraciones, porque lo inteligente y lo valioso realmente es difícil de dibujar. Mi historia es sobre la nena que sabe tanto y teme saberlo todo, la mujer que dentro, esconde un diamante que brilla más que la luz. La novia perfecta del Principito. La que le gusta vestirse con elegancia, salir y olvidar. Mientras sigue en la incesante búsqueda de sus propias respuestas.

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